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Reflexiones

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2011

Publicación del Pregón de las Fiestas Patronales 2011

Agradecemos los años de servicio como Mayordomo a su amada Virgen de la Estrella

D. José Mª Cerón Ortiz, Abogado y Ex-Mayordomo de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Estrella

I.-Prologo

Por un instante Sr Presentador he dudado en levantarme porque escuchando al Sr. Mayordomo, creía que no el pregonero de este año era otra persona. Esto de recibir los aplausos al principio es como la cartilla militar en la que se leía, valor se le supone… Espero merecer los mismos.

Muchas Gracias amigo Paco por las inmerecidas palabras que has pronunciado y por esa exagerada lista de méritos que relatas sobre mí persona. Son el producto de las relaciones de amistad, aprecio y hermandad que nos profesamos y que se extiende a nuestras familias, más que a merecimiento personal alguno. Debo expresarte públicamente mi agradecimiento sincero por esta presentación y por haber aceptado hacerla tú, más conociendo tu poca afición a estas tareas. Nunca pensé en otra persona más querida y distinguida.

En esas palabras que has pronunciado se contienen muchas vivencias en común, por eso la mayoría de este Pregón se pronunciará en primera persona del plural.

II.-Introducción

Una mañana del mes de septiembre del año 1972, en una de las aulas del recién estrenado Instituto de Los Santos de Maimona, en su pizarra aparecía el listado que como parte de amonestaciones había efectuado el Delegado de la Clase, y que contenía entre otros los muy reincidentes nombres de Arturo Leal Sánchez, Miguel Gómez Galán, Juan Murillo Tovar, Francisco Murillo Tovar, José María Cerón Ortiz, Eduardo Blanco Rodríguez, y por último y con varias cruces y menciones, Manuel Aparicio Tejón.

A la hora en punto en que estaba prevista el inicio de la clase se abrió la puerta haciendo entrada un joven sacerdote vistiendo sotana y fumando de manera compulsiva celtas emboquillados. El clérigo al observar el voluminoso listado que la pizarra le presentaba, exclamó con voz clara y portentosa de predicador la siguiente frase en latín: ¡Estultorun nomina inparietibus summ!.

Con esta recurrente frase que en castellano significa: “el nombre de los tontos está escrito en las paredes”, o con aquéllas otras del mismo estilo…”Mater tua mala burra est”, (tu madre come manzanas podridas), intentaba Don Ángel Muñoz Ramírez, que le prestásemos la necesaria atención e interés a la lengua latina que tenía por encargo enseñarnos.

Valga esta anécdota y primeras palabras a modo de prologo como mi más humilde homenaje, a quién personalmente y como sacerdote estuvo presente en mi vida personal y familiar, como en la de otros muchos santeños.

¡Gracias!, Don Ángel por enseñarnos que, aún no habiendo nacido en Los Santos, ser santeño es muy por encima de todo es ser devoto de la Virgen de la Estrella. Por eso, aunque nacido fuera de aquí, serás reconocido siempre como un ilustre santeño.

¡¡Sumun Hominis e Magister magnus!! (Gran hombre y magnifico maestro).

III.-Pregón

Reverendo Cura Párroco y Consiliario de nuestra Cofradía. Sr Mayordomo. Sr. Alcalde y Miembros de la Corporación Municipal. Señora Juez de Paz. Junta de Gobierno y miembros de la Cofradía. Ilustres Camareras de Nuestra Virgen, (mis queridas camareras, verdaderas pilastras de esta Hermandad, a las que me gustaría nombrar una por una, a las presentes y a las ausentes, a las actuales y a las pasadas). Hermanos mayores de las Cofradías presentes. Queridos amigos y familiares que me acompañáis, a todos buenas noches y mi agradecimiento por vuestra asistencia.

Y para no perder mis costumbres quiero pedir permiso para comenzar mi pregón de una forma que habitualmente utilizamos en mi profesión: CON VUESTRA VENIA.

Antes de nada y aunque suene a tópico, quiero agradecer a la Cofradía de la Virgen de la Estrella, a la Junta de Gobierno y a nuestro Mayordomo, el inmerecido honor que supone para mí compartir con vosotros un momento tan señalado: el de pregonar las Fiestas que esta leal y fiel villa mariana celebra en honor de nuestra Patrona, por eso mis primeras palabras tienen que ser de gratitud y tienen que ver con mis sentimientos, con la manera de sentirme hoy aquí con vosotros y ante vosotros, resumidos en la emoción y el agradecimiento. Desde la ingente emoción, satisfacción y alegría que me inunda ante tan solemne acto, y por supuesto, con el corazón; en mi caso, sólo me es posible hacer este pregón atendiendo la llamada y el sentir de mi corazón; corazón de santeño, y no con la retórica y la lírica de las cuales me veo despojado.

Cuando recibí la encomienda de ser el pregonero de estas Fiestas, me acordé de lo que mi padre me enseñó que debía de hacer cuando me hiciesen un regalo.

Mi padre nos decía que si nos ofrecían alguna propina que a la primera vez la rechazase. En una ocasión ante mi negativa de recogerle a un Señor las monedas que me ofrecía en agradecimiento por el obsequio que le había dejado en nombre de mi padre, este buen señor desistió de dármela, por lo qué ni corto ni perezoso le dije: “Por favor, señor, porfíeme usted, porque me ha dicho mi padre que hasta que no me porfíen, no puedo coger la propina”.

Eso es lo que me ocurrió con Paco, en principio, le dije que no aceptaba el encargo del pregón, que era muy difícil, qué no sabría cómo hacerlo, etc. En el fondo estaba deseando, como cuando de chico me ocurría, que me porfiara. No hubo necesidad en esta ocasión de que porfiase mucho el Sr Mayordomo, por lo que acepté esa generosa propina que constituye el pregonar las Fiestas de mi pueblo.

La ventaja de tener ciertos años (ni muchos ni pocos) y de vivir en un pueblo como el de Los Santos de Maimona, de tener una profesión de trato y atención con

el público, es que te convierte en una persona conocida. Pero para quién menos me conozca quizás será bueno que sitúen a este Pregonero y a muchas de las personas presentes en el tiempo de tantas vivencias compartidas y que estas fiestas nos evocan.

Los de la quinta del 79 a los que una numerosa tropa de amigos pertenecemos: Paco, Juan y Luís Murillo, Javier y Joaquín Obando, Juan Antonio Zambrano (el hijo del telegrafista), Miche Gómez, Eduardo Blanco, Julián Morenas, Leonardo (el de las macrinas), mi hermano Quini, Juan Serrano, Juan Lorenzo Amador y otros muchos más. Y sin olvidar a las niñas, María Zapata, mi esposa, Mamen Martínez, María Jesús y Pilar (las de la Sahita), Antoñita Amador, Estrella Obando, Auxiliadora Castilla, María José López, Jacoba Rico, Mercedes Arroyo y tantas más… Esa quinta de amigos, es la generación del ruidoso “sector Q”, la que años tras año ocupaba los poyetes de este mismo patio para presenciar todas y cada una de las representación de los festivales de España, o los desfiles de reinas con sus damas de honor acompañadas en aquellas fechas de elegantes caballeros y cargos políticos de bigotes extremadamente perfilados venidos de Badajoz.

En nuestra infancia en estas Fiestas no se ponían ni caballitos, ni tiovivos, ni casetas de marcha. Era una época en que la gente de este pueblo masivamente bajaba el día de Virgen caminado lentamente hacia la ermita. Venían vistiendo con sus mejoras galas, muchas aún conservadas desde el día de sus bodas. Eran tiempos en los que los hortelanos que pocas veces subían al pueblo desde sus huertas, lo hacían vestidos con sus pantalones de pana y con relucientes camisas blancas arremangadas y abotonadas hasta el cuello. Y la gente sin distinción se agrupaba ante la tómbola debajo del árbol gordo, o en las proximidades del Ramo, o del quiosco de la música para escuchar el concierto.

Eran los tiempos de las broncas de última hora en las cantinas del Rey, del Extremeñito, de Juan el Zapatero, o la de los Barraganes, en las que los municipales “Parra” o “él Ajilao”, ponían paz entre los contendientes con la repetida frase de…¡no riñáis que al Alcalde no le gusta!..

Eran fiestas con actuaciones y bailes amenizados por los Etéreos en el salón de Resti. Un tiempo en el que el mayor ruido de esta feria procedía de las voces del subastero del ramo, lo que te permitía conversar con quién tenías en frente.

La fiesta de la Virgen era, y es, el lugar donde se encontraba todo el pueblo, donde no era necesario quedar con nadie por qué enseguida te encontrabas a quién querías y con quién no querías.

Mi generación es la de la leche en polvo cuyo sabor aún conservo en mi paladar. Aquella leche que nos daban en la escuela de Doña Josefina, nuestra primera maestra, a la que siempre he recordado subida en aquella tarima que resaltaba su pequeña figura y su gran humanidad.

Pertenezco a los tiempos de amenazas con el cuarto de las ratas y del tío del saco. La de las Flores a María en el mes de mayo. La de interminables catequesis a cambio de cromos canjeables por excursiones a la fábrica de gaseosas “La Casera”, que casi nunca se efectuaban. Somos los que jugábamos aquéllos partidos de futbol en el paseo de las barandas que siempre eran interrumpidos por los agentes de la autoridad municipal en un deseo de hacerse con el balón, y a los que siempre ganamos en la carrera.

Mi generación es la que masivamente invadió las aulas del Colegio Libre y Adoptado General Rodrigo, en la que cursaríamos nuestros primeros estudios de Bachillerato. Somos los de la pandilla del Bucheta, y de las arengas políticas de Don Antonio Calvo, de las clases de Lengua de Don Julio Llerena, de dibujo de Don Alfonso Dorado, de las de matemáticas de don José María Lobo, de Historia Don Filadelfio, o de Geografía de una jovencísima Mª Carmen Munuera.

Somos los últimos niños a los que jóvenes como mi tío Joaquín Ortiz y Javier Clemente nos enseñaron a montar en bicicleta en el paseo, a los que los Hermanos Castaño Montaño nos enseñaron a jugar al baloncesto en la escuela de Juan Blanco, a los que Lucio Poves, Isidro Barros, o mi hermano Luís nos dieron las primeras lecciones de Ping-Pong, al ajedrez o a las damas, en los locales de la OJE bajo la vigilancia del Maestro Floro.

Somos los de las misas de domingo a las diez de la mañana, y del toque de campanas a oración, por un entonces monaguillo y muy niño, Manolo Lavado, hoy nuestro alcalde.

Somos esa generación que creció sin complejos en un entonces más próspero pueblo.

Mis recuerdos hasta donde alcanza mi memoria más remota, están unidos a la Virgen de la Estrella, a la Ermita y a sus alrededores donde tantas veces jugué. Al camino, a esa Huerta de mi abuelo Joaquín donde pasábamos los veranos y en cuya cancela esperaba cada tarde que pasara el Padre Luís, quién tras besarle la mano siempre me regalaba algún caramelo.

Mis recuerdos y mis proyectos pasan por este camino tantas veces sosegadamente recorrido en mis relaciones de noviazgo, y que en la actualidad mi esposa y yo seguimos diariamente transitando, ahora de manera más apresurada.

En mis vivencias está siempre presente esta casa de nuestra madre, en la que me casé y la primera que mis hijos visitaron a su llegada al mundo y este pueblo. A ellos, intentamos enseñar nuestro amor por “La Estrella”, el mismo que sus abuelos y abuelas nos transmitieron.

Mi memoria más reciente pasa por la salida de la Imagen de su Santuario, firmemente sostenida por costaleros y costaleras de Los Santos, rodeada de TODO su pueblo. De mi mente es difícil olvidar que este patio se quedó pequeño porque en él estaban todos sus hijos, creyentes y no tan creyentes, expectantes ante la salida de su Virgen. Todos alrededor de una devoción, unidos por un único sentimiento, y muchos de ellos, casi todos, con los ojos salpicados por las lágrimas de tan colosal emoción.

Nunca podré olvidar la visita de la Imagen del Nazareno a esta Ermita, la visita del hijo a la casa de su madre, a su casa, esa sensación de acercar dos imágenes, dos cultos, y una misma fe, la de sentirme costalero, los pies de Cristo por unos instantes…

Cuando has pasado por la Junta de Gobierno de esta Cofradía compruebas que el grano germina y da su fruto, cuando en la Solemne Función de Nuestra Señora te encuentras la Iglesia a rebosar, y que en torno a la Patrona se dan cita nuestras autoridades, nuestros mayores, nuestros niños y jóvenes, y te das cuenta que Nuestra Madre, una vez más cada año pone en marcha, aunque sea por unos días, esa “Fe” aprendida con ella y tantas veces relajada por nuestra comunidad parroquial.

Cuantas veces he recordado a mi buen amigo Cipriano Tinoco, él que tantas responsabilidades ostento en este pueblo y fuera de él, muchas veces me decía que lo más importante en Los Santos era ser Mayordomo de la Virgen de la Estrella. Y le tengo que dar la razón, para mí durante el tiempo que lo fui supuso la mayor dignidad que se puede ostentar.

En estas fechas, ante un agonizante verano, en las que en nuestros campos las vides y olivares empiezan a parir sus frutos, es momento y ocasión de honrar a nuestra Patrona, y también de compartir con nuestros mayores y jóvenes, con todos los vecinos y forasteros, el placer de unos días festivos ganados con el pulso de esa laboriosidad que honra a los santeños.

Con vosotros comparto desde mi nacimiento la vida en este pueblo, el amor y veneración a nuestra Virgen, sus tradiciones, sus costumbres, permitidme que antes de entrar en la materia de la Fiesta, que, como abogado y hombre de pueblo que soy, por un momento me convierta en defensor de esta nuestra tierra de Los Santos y de Extremadura, especialmente en esta su fiesta.

Y quiero que mi alegato sea para manifestar, que ante estos duros tiempos en los que nos encontramos debemos continuar en el camino de búsqueda del progreso, con nuestra ansia de prosperidad, pero sin ignorar nuestras raíces. Las mismas que se hunden en los campos y que han forjado nuestra propia manera de ser, tan noble y firme como sus frutos y los símbolos que representan: el pan y el vino (cuerpo y sangre de Cristo), y el aceite (santos óleos).

Combinar la tradición con la modernidad es la más sabia aspiración que puede desear el hombre. No debemos dejarnos llevar por el ritmo frenético que nos deshumaniza. Tenemos que regresar, de cuando en cuando, a la placidez de un pasado que tuvo cosas buenas y perpetuarlas en nuestros descendientes. Debemos recuperar el talante afectuoso y sabio del que hicieron gala hombres de Los Santos y tantos extremeños. Tenemos que volver a la tranquilidad del paseo hacia la Ermita, donde tantas parejas se conocieron en el camino y tal vez, un día se enamoraron.

Sé que este deseo no es mucho pedir para la grandeza de las gentes de nuestro pueblo, y tenemos el ejemplo en el evento que hoy nos convoca que no es otra cosa que una lúdica síntesis de tradición y modernidad.

Son nuestros trabajadores del campo; jornaleros en lo ajeno, agricultores en lo propio, los que forman esa primera columna que nos sostiene. Gente de corazón noble, de espíritu tenaz. Labrados a golpes de una fatiga que se tiene, pero que no se dice. Gente que se crece en el dolor y que aprendió y enseña con la broma y con el ejemplo. Unos afilaron sus azadones entre las viñas y olivares de estos campos en épocas más duras que la actual y otros en la actualidad afinan las cuchillas de los arados y rejas de sus tractores

Muchos de nuestros jóvenes, quieren mantener viva la tradición y el deseo de trabajar las tierras familiares; y por ello ellos apuestan por la calidad de nuestros productos a costa de la cantidad, asociándose y uniéndose para ser más competitivos. Podrá muchas veces faltarles el apoyo de los gobernantes preocupados de otros temas, pero no de un pueblo como Los Santos que no olvida quién lo sostiene y quién lo alimenta.

Y dejando atrás este sentimiento de defensa derivado de mi pasión por las cosas de la Toga y el Foro, no quiero apartarme en estas palabras anunciando las fiestas de quién realmente es su protagonista: la Santísima Virgen. ¿Y me pregunto…?

Qué pudiera SEÑORA decir este pregonero para alabarte?

qué en otra ocasión no hayas oído

sí todo las poesías conocidas

se han musicado para cantarte

Eres de gracia un portento,

de hermosura, maravilla.

No nos dejes un momento

madre nuestra de Los Santos

Madre, hoy en la víspera de tu santo, tus camareras han vestido tu imagen con un rico manto y te han colocado esa hermosa corona que este pueblo te regaló. Sin embargo debajo de ese ornamento, sigues siendo la misma humilde madre de la noche del pesebre; la misma de la noche del silencio y la oscuridad, la del dolor por la muerte de tu hijo.

Desde aquí quiero pedirte Señora de la Estrella, una vez más, que en estos días difíciles protejas nuestros pasos y serenes nuestras esperanzas, que nos enseñes a sostener nuestra cruz diaria.

¡Señora de la Misericordia!, en estos tiempos tan difíciles te pedimos que otorgues a nuestro pueblo el pan y la salud, la justicia, el trabajo y la paz. Libéranos del egoísmo, del orgullo, de las simplezas que nos dividen, llama a todos tus hijos todos los días como en estos días nos convocas, especialmente a los más cansados, a todos los necesitamos en este tu Pueblo.

Llegaron las ansiadas fiestas de nuestra Patrona, cargadas como siempre de nostalgias y repletas de expectación... Llega un nuevo Septiembre, las luces de colores del patio ya se han colocado, cada uno de los días de la novena nos irá acercando más y más a Ella.

Dios te salve, Estrella, llena eres de Gracia.

El Señor está contigo.

Año tras año…, generación tras generación, la misma oración encadenada con los sagrados misterios de nuestra fe.

Cambia la vida, cambian las cosas, cambiamos nosotros. Sólo lo esencial e inalterable permanece tras el paso de las décadas, los siglos y las generaciones.

Tras los días y los meses, siempre vuelve septiembre... Santuario de la Estrella... Cal blanca en las paredes y en los árboles del camino... Luces intermitentes de colores… Como siempre, noches de oraciones a la Virgen de la Estrella.

Bendita tú eres entre todas las mujeres

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Es la oración más bella y profunda. También la más sencilla.

Sublime belleza para la sencillez de María, que precisamente por ser humilde, por ser Esclava del Señor, fue Madre de Dios y es Señora de los santeños, que expectantes le decimos:

Dios te salve, Reina de las Estrellas.

Porque el Señor está contigo,

Llena eres de Gracia entre nosotros.

Los Santos de Maimona siempre te espera.

Dios te salve, Señora de la Estrella,

Consuelo en las aflicciones,

Brisa suave de amor,

Bálsamo de tantas penas.

Dios te salve, Madre de la Estrella,

Señora y Abogada nuestra,

Memoria de los que se fueron,

Esperanza para quienes llegan.

Dios te salve, Virgen de la Estrella,

Bendita siempre Tú seas.

Que generación tras generación,

Los Santos siempre te espera.

 

La tradición se ha conservado hasta hoy, pero no sé si la devoción y el amor a la Virgen de la Estrella han aumentado.

Desde aquí deseo y pido que siempre le guardemos un rincón a ella, a la madre, porque mientras haya madres en la tierra y en los cielos habrá esperanza, comprensión y perdón.

Esta noche, Los Santos de Maimona, está ya de fiesta y nosotros, cuando finalice este acto, vamos a salir a su encuentro y a compartirla con todos, con una copa, con un saludo, con una sonrisa, con un deseo de felicidad o participando mañana en la solemne función en honor a Nuestra Madre la Virgen de la Estrella.

Qué en estos días, al menos, seamos dichosos, porque tenemos la suerte de ser o vivir en un pueblo de buenas gentes, lleno de luz y color, de tener como Patrona a la Virgen de la Estrella, tenemos la fortuna de vivir en Los Santos de Maimona.

Que el mejor pregón es el silencio, y que el silencio es tan nuestro como el aire. Silencio que ha de romperse y es mejor que lo haga el bullicio de nuestras fiestas y el amor a nuestra madre la Virgen de la Estrella. Por eso, y dándoles las gracias, he de callarme.

 

¡Viva la Virgen de la Estrella!. ¡Viva Los Santos de Maimona!

 

 


 

 

José María Cerón Ortiz

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" DE LA AUSTERIDAD AL LUJO O DEL LUJO A LA AUSTERIDAD

Es curioso que en las distintas y variadas apariciones que se señalan a la Virgen, ésta siempre se aparece a pastorcillos sencillos, hombres o mujeres del campo y en lugares exentos de majestuosidad o lujo. Oímos las leyendas de los pueblos y la Virgen aparece en un árbol de los muchos de nuestros campos, en pequeñas grutas, enterrada alguna imagen en algún pueblecito y siempre a personas humildes. Puedo equivocarme, pero he oído muy poco, por no decir nunca, apariciones en palacios, castillos, o grandes mansiones. ¿Qué nos querrán enseñar nuestros antepasados con estas clases de leyendas? ¿Qué lección nos brindan para nuestra vida cristiana? Yo creo que actualmente hay un esfuerzo, pudiéramos decir sobrehumano, por cambiar la humildad, sencillez y austeridad de la Señora con el fin de justificarnos a nosotros mismos y justificar nuestra manera de vivir. Inmediatamente que se oyen apariciones se construyen basílicas, santuarios, templos y explanadas. Y lo más terrible es que ponemos en labios de la Virgen la súplica y el ruego de que todo esto sea construido. Ella que se aparece, cuando raramente lo hace, con manto sencillo y sin coronas ni tocados suntuosos, nosotros inmediatamente le colocamos coronas de oro o plata, mantos bordados y tronos de materiales preciosos. Verdaderamente es la eterna lucha por imponer nuestros valores humanos y materiales por encima de los valores espirituales y profundos de Dios y cuánto El puede significar en nuestra sociedad. - ¿Cómo venerar una Virgen pobre y humilde, sencilla y austera? - ¿Cómo dejar de lado nuestros lujos, comodidades y materialismos para acercarnos a una imagen con ropas sencillas y pobres? - ¿Cómo contemplar a un Cristo de la cruz sin adornos de carrozas de madera recubiertas de plata, candelabros lujosos o de ánforas llenas de bellas flores? Sino podemos imitar a un Cristo o a una Virgen pobre, lo mejor es conseguir enriquecer a ese Cristo o a esa Virgen y ya estamos todos a la misma altura.

Pedro Mª Mancha Cadenas, Párroco de Los Santos de Maimona

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" COLABORACIÓN DE MANOLO ZAPATA

Santeños y santeñas
Donde quiera que te encuentres,
En tu pueblo y en Tu Virgen
Siempre te tendrán presente

Virgen Madre de la Estrella,
Templo y sagrario
de las causas justas
que a veces mendigamos

Lugar de consuelo
para tantas almas,
de este tu pueblo
que con fe te aclama

Madre y blasón en los corazones
que vieron la luz en nuestro pueblo,
te pedimos Madre en nuestras oraciones
nos cubras de pétalos con aromas del cielo.

Y así los perfumes de todas las virtudes
ya que somos esclavos de nuestros miedos,
puedan librarnos de las tentaciones
que quizás dañen nuestro destino al cielo.

Manuel Zapata Gutiérrez

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2010

Publicación del Pregón de las Fiestas Patronales del 2010

Es un honor para todos l@s santeñ@s poder disfrutar de tan bellas y emotivas palabras

 

PREGÓN DE LA VIRGEN DE LA ESTRELLA 2010

Excmo. S. D. Juan Manuel García Montaño General de División de la Fuerza Terrestre

Desde lo alto del palo mayor de nuestro Buque Insignia “Juan Sebastián Elcano” cumpliendo una tradición,  como lo hicieran tantos otros antepasados navegantes que partían hacia las Indias, se recita una oración siempre que zarpa, dice así:

Larga trinquete

en nombre de la Santísima Trinidad,

Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Tres Personas

y un solo Dios verdadero,

que sea con nosotros y nos guarde,

que nos acompañe y nos dé buen viaje.

A salvamento nos lleve

y vuelva a nuestras casas.

Dejadme que sean estas mis primera palabras, al mismo tiempo que doy las gracias a Nuestra Madre “La Virgen de la Estrella” por hacer posible que esté hoy aquí con vosotros, rogándole que, con su Luz, oriente mi navegación en esta noche y nos predisponga a pasar unas gozosas fiestas, confiando más en vuestra generosidad, que en las capacidades de quien os habla.

Dejadme que así comience, también por fidelidad a mi profesión, y que tomando prestada una oración de un ejército hermano al que sirvo, alguien cuyas travesías han sido siempre terrestres, implore porque la misión que he asumido esta tarde sea cumplida satisfactoriamente.

Desde el día que recibí en Sevilla la comunicación del Sr. Mayordomo, informándome de la invitación que en nombre de la Junta de Gobierno me hacía para pregonar las fiestas de Nuestra Patrona, en este año de 2.010, se mezclaron en mí dos sentimientos contrapuestos: por una parte, la alegría por el honor que se me otorgaba, en mi pueblo, de poder exaltar a Nuestra Virgen de la Estrella, llamada que en sí mismo, sentí irrenunciable, “no se pueden poner trabas a quien tanto le debemos” me dije; pero, por otra parte, sentí el temor ante la grave responsabilidad que contraía al contestar afirmativamente.

Comprendí en aquel momento lo difícil que me resultaría quedar al nivel de los que me han precedido, muchos de ellos excelentes oradores, capaces de desarrollar un pregón que además de llevar implícito un mensaje, un contenido espiritual y reflexivo, envuelto en un lenguaje poético, invite a participar en las fiestas que hoy abrimos en conmemoración de nuestra Madre.

Pregonar supone anunciar públicamente la celebración de una festividad, al mismo tiempo que se incita a participar en ella, pero para quien os habla, pregonar las Fiestas de la Virgen de la Estrella implica algo que va más allá de una simple celebración que se repite todos los años.

 Como alguien ha dicho, ser pregonero es casi una misión de ángeles, y francamente, yo estoy muy lejos de serlo y, además, ni soy poeta capaz de construir fácilmente hermosas frases que envuelvan elevados conceptos, ni estudioso de fenómenos religiosos capaz de hacer comprender el misterio que hace que en estas fechas se congregue aquí todo el pueblo de Los Santos, nuestro Pueblo.

Pero, como os decía, caí en la cuenta de que, como santeño, como hijo de La Estrella, era obligado mi compromiso de cumplir con el mandamiento de dar testimonio de Ella y decidí entonces presentarme ante vosotros sin más bagaje que mi fe sencilla y, por qué no decirlo, vacilante en ocasiones, haciéndolo como lo que soy, un paisano que a corazón abierto va a tratar de hablaros de los sentimientos hacía su Virgen, hacía su Pueblo, porque poco significa para mí el Uno sin la Otra, Nuestro Pueblo sin Nuestra Virgen, Nuestra Virgen sin Nuestro Pueblo.

Excelentísimas y dignísimas autoridades, Rvdo. Sr. Cura Párroco, Sr. Alcalde de Los Santos de Maimona, Sr. Mayordomo y miembros de la Junta de Gobierno de la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella, querida familia, queridos paisanos, amigos todos.

Ante todo, quisiera agradecer a la Junta de Gobierno por distinguirme como pregonero de este año, agradecimiento que hago extensivo también a mi amigo Antonio Apolo por sus palabras de presentación. Palabras que obedecen mucho más a los gustos y afinidades que compartimos, entre ellos y en lugar muy destacado la devoción a Nuestra Madre la Virgen de la Estrella, palabras por tanto –os decía– que se deben más a esto y a la amistad que nos profesamos, que al mérito de quien os habla. Tampoco quisiera ocultar la alegría que siento porque este acto tenga lugar el fin de semana en el que he sido ascendido a General de División; una vez más la Virgen ha sido generosa conmigo y me ha pagado por adelantado.

Como todos sabéis, pertenezco a una humilde familia santeña, hijo y nieto de santeños que nacieron, vivieron, trabajaron y murieron en esta santa tierra. ¿Cómo entonces recordar cuál fue mi primera celebración de las Fiestas de la Virgen? Sencillamente no me acuerdo, no me acuerdo porque estaba casi en mis genes, como en los de todos vosotros, antes de nacer, porque nuestras madres y abuelas habían hablado con la Virgen tantas veces, que para nosotros nacer fue un continuo, en lo que se refiere a la pertenencia a la Virgen de la Estrella. Por supuesto, luego vendría el bautizo, el paso por debajo de tu Manto, Señora, la primera oración con el recién nacido, pero todo eso era continuación de la chispa que un día saltara en la mirada de nuestros padres y de la que la Virgen conocía y conoce hasta los detalles más íntimos.

Pertenezco a una generación para la que el camino de la Virgen ha sido una parte significativa en su vida. Nuestros primeros pasos transcurrieron en el paseo de las barandas y en el patio de la Virgen. Primero, guiados por nuestros padres hasta que tuvimos edad de venir solos, teniendo cuidado con esos “cortinales” que entonces nos parecían mucho más grandes, desconocidos y por tanto peligrosos. Aquí tuvieron lugar nuestros primeros pasos en el deporte, ese deporte que para nuestra generación  fue primero una asignatura pendiente y después, como se suele decir en el argot estudiantil, una “maría”. Por eso, cuando nos interesaba la práctica de alguno, tenía que ser aprovechando ciertos terrenos libres y los conocimientos de nuestros mayores que nos permitían colmar nuestros anhelados deseos.

 El fútbol lo practicábamos en las eras de Rio Verde, bueno mejor, como decía nuestro maestro D. Antonio Calvo, se practicaban dos deportes, fútbol y campo a través. Futbol con dos equipo más o menos de once, dos piedras a ser posible bien gordas, como solemos decir– señalando las porterías y un balón más o menos de reglamento. No necesitábamos árbitro, se imponía la razón, o el saber del más docto en la materia. Todo marchaba bien, hasta que aparecía el guarda a caballo y alguno más atento daba la voz. Aquello se convertía en la carrera más exigente y competitiva del día, hasta alcanzar lo antes posible la meta situada en el pilar de Vistahermosa, que significaba que esa vez nos habíamos librado.

Sin embargo, en los alrededores de la Ermita era distinto, aquí era posible practicar algo de una manera más tranquila, incluso aventurarse a un incipiente partido de tenis aprovechando el pavimento de la pista de baile.

Hubo también momentos en los que el camino tuvo su significación propia, coincidentes con nuestra pubertad o primera juventud, cuando todo cobra más fuerza. Fueron los años de la Academia aquella organización de enseñanza que permitió a un buen puñado de santeños a iniciarse en su propia formación–. Fueron los momentos de compartirlo a veces en pandilla, con sentido de primeras escapadas con aires de libertad, a veces en solitario, pero siempre con el anhelo de poder llegar a tu Ermita y hablarte de todo lo que Tú ya bien conocías, además de nuestras preocupaciones.

A algunos este camino se nos quedó en la memoria cuando tuvimos que alejarnos de Ti y recorrer otros más lejanos. Otros que nos llevaron, como al que os habla, a implorar tu ayuda bajo otras advocaciones. Así te he visitado muchas veces como Virgen del Pilar, en Zaragoza, primero, cuando me preparaba para ingresar en la Academia General Militar, después, cuando fui cadete de la XXXII promoción, y muchos años más tarde, cuando las responsabilidades me llevaron a asumir el mando del Regimiento de Caballería “España 11” cuyo acuartelamiento está ubicado en la orilla norte del Ebro. Allí, contemplándote en el Pilar, te he visto a Ti también, Madre, y me has dado siempre las fuerzas para continuar aún lejos de los míos.

En otra etapa de ese mi particular camino, tuve la oportunidad de visitarte en una tierra muy necesitada de Ti, en Bosnia-Herzegovina, en el Santuario de Santa María de Medjugorje. Allí, donde tantos ciudadanos de toda Europa peregrinaban para verte, a pesar del riesgo que corrían en aquellos años. Allí, donde Tú eras la única capaz de dar Luz a los rostros de aquellos niños que, creedme, tenían sus caras marcadas por una pena tan profunda que ninguno de nuestros regalos, que en forma de ayuda le aportábamos, podían arrancarle una sonrisa. Sólo el amor, del que Tú sabes tanto, puede vencer al odio que siembran esos conflictos.

Allí fue donde en un destacamento de la primera Agrupación de nuestra tierra, la “Extremadura”, en una noche de 24 de diciembre, y en una primera planta de un edificio sin escaleras –pues la guerra detuvo también la construcción–, planta, a la que había que acceder subiendo previamente a la torre de uno de nuestros blindados, organizamos nuestra particular cena de Noche Buena. En el interior, aprovechando dos estancias contiguas se montó el salón comedor, velas de todo tipo y linternas con focos de distinta potencia iluminaban y adornaban, a modo de candelabros, aquellas mesas y sillas de campaña allí instaladas. Una organización nacional de reposteros había preparado la cena a la que cada uno añadió, de lo recibido de casa, algo típico de su tierra. Probamos el chorizo extremeño, la morcilla burgalesa, la butifarra catalana, y el lacón gallego entre otros, con algo de rioja y valdepeñas, mientras que los dueños del territorio contribuían a nuestra celebración disparando sus armas y festejando a su manera.

En los postres, no faltaron tampoco el turrón de Alicante, ni el mazapán toledano. Entretanto, nuestros muchachos empezaron a cantar los entrañables villancicos que nos emocionaron a todos, hasta el punto, que algunos sólo se sintieron capaces de acompañar con el ruido del improvisado instrumento compuesto por una botella de anís y una pieza del cubierto. Dichos cánticos nos contagiaron de alegría y nostalgia y nos unieron con aquellos que lejos, en nuestra patria, estaban haciendo en ese momento algo muy parecido. Y de aquellos corazones emocionados salieron sus vivas a quien en la distancia les unía con sus seres queridos, y allí se los dimos, con los andaluces a la Virgen del Rocío, con los maños a la Virgen del Pilar, con los valencianos a la Virgen de los Desamparados, con los pacenses a la Virgen de la Soledad y a la Virgen de Bótoa, y todos me acompañaron para que en aquella noche me sintiera un poco más cerca de vosotros al gritar tu Nombre uniéndonos en un viva a la Virgen de la Estrella.

Muy recientemente, en este mi camino, y con motivo de mi destino en Sevilla, he tenido la oportunidad de asistir al aniversario, cuatro veces centenario, de los que Te reconocen también como su patrona en la calle San Jacinto del barrio de Triana, y comprobar que son muchos los pueblos de España que, como el poeta Te cantara, para ser cielo Estrellado les basta sólo tu Estrella.

Por todo esto y porque mi camino siempre ha sido y será una forma de buscarte,  quiero decirte:   

¡Ay! Madre si Tú quisieras,

yo por Ti el Camino haría,

desde el Pueblo a Mariaño,

de Mariaño a la Ermita.

 ¡Ay! Madre si Tú quisieras,

yo ante Ti, me postraría

para contarte mis cosas

para hacerte compañía.

Por el camino aprendí

que andando se ha de ganar

lo que con fe te pedí,

porque caminar y orar

son dos partes por igual

del milagro de existir.

 ¡Ay! Madre si Tú dispones

que otra vez lejos esté,

haz que mirando a poniente

pueda siempre verte bien,

porque el faro de tu Luz

hará que las sombras no tengan

ni amargura, ni poder.

Y cuando en los Santos me encuentre,

no permitas Madre Mía

que no vuelva a visitarte

por mi Camino Vigía,

desde el Pueblo a Mariaño,

de Mariaño a la Ermita,

¡Ay! Madre si Tú quisieras

Yo por Ti el Camino haría.

 Y como el día llegará

que el Camino verdadero

Tú, Madre me indicarás,

quisiera dejarte yo, aquí,

mi faja de General

para poderte abrazar

con mi alma siempre a Ti.

Pero todo camino tiene su recompensa y qué recompensa más grande es para todos los santeños llegar en estos días a ese álamo secular que llamamos “Árbol Gordo” y encarar este patio de Tu Ermita, antesala de Tu Casa y donde tienen y han tenido lugar tantos momentos que estarán siempre en nuestra memoria.

Cómo no recordar los conciertos de música después de la solemne Función en el día Grande, en Tu Día, y como no echar de menos esa sintonía particular de Tus fiestas, la del Ramo de la Virgen, esa subasta tan especial que no deja indiferente a ninguno, al donante al ver que su contribución está entre los objetos seleccionados, al que puja porque está participando en una buena obra para su Madre, la Virgen, y no digamos a esos niños y niñas que se acercan antes de ir a montarse en los “cacharritos” mientras sus padres se toman la “tapita” en una de las cantinas del ante patio.

Cómo olvidar este patio engalanado de belleza, en aquellos años de la Fiesta de la Vendimia, o de cultura, con los Festivales de España que hicieron posible que tantos santeños y vecinos de la provincia conocieran de cerca nuestros más entrañables bailes populares españoles, u obras de teatro y zarzuela de los mejores autores.

Pero, Madre, ya todo está preparado para Tu Fiesta, ya sentimos el día, pero no llega. Por eso, ansiosos por los momentos que tenemos que vivir dentro de muy poco, por este camino que hemos cantado y homenajeado, vendrán tus hijos de Los Santos a rendirse a Tus Pies con sus ofrendas, ofrendas que recogerán sus recuerdos para los que ya no están con nosotros, ofrendas en las que te contarán sus preocupaciones en estos tiempos de crisis, sus incertidumbres por los que más quieren y sus anhelos, con ese murmullo que Tú conoces, implorando tu ayuda.

Y en esta particular ofrenda de flores, me gustaría escoger para Ti unas muy especiales, para que Tú, Madre, que todo lo puedes, hagas que brillen cada día más en todos los hijos de este pueblo, Tu Pueblo:

La flor del esfuerzo diario de todos aquellos que han luchado y luchan, día a día, por conseguir un sueño, su sueño, que hace posible que cada uno, desde el puesto que ocupa, participe en la construcción de un pueblo con una sociedad cada vez más próspera y a la altura de los cambios que nos han tocado vivir.

La flor de la cultura que, alejando de nosotros viejas lacras, permite que todos podamos desarrollarnos como seres humanos, en el mundo actual.

La flor de los valores, de escasa producción en los momentos actuales según algunos expertos, pero que con sus pétalos: libertad, paz, respeto, alegría, austeridad, honor, amistad hace posible una convivencia más justa y una mayor solidaridad entre todos.

Pero todas ellas no valdrán sin la flor que más reluce, por ser Tú y tu Hijo quienes la mostrasteis en grado supremo a los hombres, la flor del Amor, del amor desinteresado, que no quiere nada a cambio, que hace posible la ayuda a los que menos tienen, del amor que sabe perdonar a los que nos ofenden, del amor que alienta a los que están dispuestos incluso a dar su vida por las enseñanzas que de tu Hijo hemos recibido.

Por ello y presentando estas flores en señal de ofrendas para que las bendigas, no quisiera terminar sin pedirte Virgen mía:

Tú que brillas en las noches más oscuras,

Tú que alumbras en las almas más inciertas,

Tú que esperas a Tus hijos en sus puertas,

Tú que sabes consolar sus amarguras,

Tú que has visto pasar tanta locura

que la debilidad humana nos alienta,

Tú que sufres como madre cuando intentas

a los tuyos colmar su desventura.

Haz que Tu Manto nos ampare, Madre mía,

nos proteja en nuestra diaria aventura

y nos lleve a Tu Puerto, cuando nos falte la (“via”) vida.

Haz que Tu Luz en el Árbol sea nuestra guía,

que nos traiga a Tu Ermita ante cualquier duda

y aquí encontremos Nuestra Estrella, Virgen María

¡VIVA LA VIRGEN DE LA ESTRELLA!                            

  MUCHÍSIMAS GRACIAS.  

 


Juan Manuel García Montaño

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" Poesía

 

 

Eres Madre la que llenas

nuestro espíritu de alegrías,

perfumando nuestras almas,

cual ramito de verbenas.

 

Ni las blancas azucenas

compiten con tu blancura,

pues de Cristo, la hermosura,

te fue dada a manos llenas.

 

Flores no nacen en los prados

que contigo puedan igualarse,

cubriendo con ellas tus plantas

hoy venimos a adorarte.

 

Cuanta ternura nos inspira mirarte,

¡quien no te reza...pensando en su madre!.

Eres la estrella que guía nuestros pasos,

y proteges a tu pueblo, bajo tu manto.

 

Mª SALOMÉ MONTAÑO MORENO

8 Años

Mª Salomé Montaño Moreno 8 años Colegio Mauricio Tinoco

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" Balance de las Fiestas Patronales 2009

Las Fiestas Patronales en honor de Ntra. Sra. La Virgen de la Estrella han llegado a su fin. Es hora de hacer balance de ellas.

Han sido unos días inmejorables para la convivencia ciudadana y el divertimento. El tiempo ha sido un gran aliado, con unas noches agradables que invitaban a permanecer en la fiesta.

Ha habido gran afluencia de público que ha participado activamente en todas las actividades programadas, bien por la Cofradía o por los colaboradores, lo que nos animará a seguir organizando y mejorando, en la medida de nuestras posibilidades, las fiestas venideras.

Seria conveniente que todas aquellas personas que quieran participar  en su mejora pueden enviar sugerencias, fotografías, datos curiosos y/ o críticas constructivas, a los puntos de contacto habituales para que entre todos y con buena voluntad consigamos que nuestra fiesta por excelencia consiga un buen nivel de aceptación por parte de todos, cosa bastante difícil de conseguir. La crítica constructiva siempre es positiva pero es muy fácil criticar sin más. Es conveniente que todos sepamos el esfuerzo que supone para un grupo reducido de ciudadanos voluntarios, sin más experiencia y formación que su buena voluntad, el poner en marcha unas fiestas para todo un pueblo como el nuestro, grande y exigente, y que sólo cuenta con un presupuesto que depende exclusivamente de las donaciones, que a lo largo de todo el año, hacen  los ciudadanos: rifas ocasionales, lotería de Navidad, papeletas del petitorio, tómbola, ramo, colaboradores de la revista, etc. Se considera una actividad privada en un recinto privado y hay que prever desde lo más insignificante hasta lo más arduo, como la seguridad, la limpieza y el orden público, contando con la valiosa colaboración del Ayuntamiento. Todo depende de la Cofradía.

Les contamos todo esto porque es bueno que se conozcan los entresijos de su funcionamiento y de esta manera es más fácil entendernos. Los que suscribimos este artículo somos nuevos en la Cofradía y desconocíamos lo que supone pertenecer a ella y todo el esfuerzo físico, intelectual y monetario que representa.

Después de este inciso, creemos que necesario, sólo nos queda decir que en estas fiestas hemos intentado llegar a toda clase de público. Esperamos haberlo conseguido y como siempre pedimos benevolencia por los fallos cometidos.

 

La Comisión Organizadora

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Virgen de la Estrella