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Reflexiones

Esta sección estará dedicada a todas aquellas personas que quieran reflejar sus sentimientos más profundos de fe y amor a nuestra Madre la Virgen de la Estrella y desee compartirlos con todos los visitantes de la página. Pueden enviar poesías, artículos, reflexiones personales, fotografías, etc.

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" COLABORACIÓN DE MANOLO ZAPATA

Santeños y santeñas
Donde quiera que te encuentres,
En tu pueblo y en Tu Virgen
Siempre te tendrán presente

Virgen Madre de la Estrella,
Templo y sagrario
de las causas justas
que a veces mendigamos

Lugar de consuelo
para tantas almas,
de este tu pueblo
que con fe te aclama

Madre y blasón en los corazones
que vieron la luz en nuestro pueblo,
te pedimos Madre en nuestras oraciones
nos cubras de pétalos con aromas del cielo.

Y así los perfumes de todas las virtudes
ya que somos esclavos de nuestros miedos,
puedan librarnos de las tentaciones
que quizás dañen nuestro destino al cielo.

Manuel Zapata Gutiérrez

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2010

Publicación del Pregón de las Fiestas Patronales del 2010

Es un honor para todos l@s santeñ@s poder disfrutar de tan bellas y emotivas palabras

 

PREGÓN DE LA VIRGEN DE LA ESTRELLA 2010

Excmo. S. D. Juan Manuel García Montaño General de División de la Fuerza Terrestre

Desde lo alto del palo mayor de nuestro Buque Insignia “Juan Sebastián Elcano” cumpliendo una tradición,  como lo hicieran tantos otros antepasados navegantes que partían hacia las Indias, se recita una oración siempre que zarpa, dice así:

Larga trinquete

en nombre de la Santísima Trinidad,

Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Tres Personas

y un solo Dios verdadero,

que sea con nosotros y nos guarde,

que nos acompañe y nos dé buen viaje.

A salvamento nos lleve

y vuelva a nuestras casas.

Dejadme que sean estas mis primera palabras, al mismo tiempo que doy las gracias a Nuestra Madre “La Virgen de la Estrella” por hacer posible que esté hoy aquí con vosotros, rogándole que, con su Luz, oriente mi navegación en esta noche y nos predisponga a pasar unas gozosas fiestas, confiando más en vuestra generosidad, que en las capacidades de quien os habla.

Dejadme que así comience, también por fidelidad a mi profesión, y que tomando prestada una oración de un ejército hermano al que sirvo, alguien cuyas travesías han sido siempre terrestres, implore porque la misión que he asumido esta tarde sea cumplida satisfactoriamente.

Desde el día que recibí en Sevilla la comunicación del Sr. Mayordomo, informándome de la invitación que en nombre de la Junta de Gobierno me hacía para pregonar las fiestas de Nuestra Patrona, en este año de 2.010, se mezclaron en mí dos sentimientos contrapuestos: por una parte, la alegría por el honor que se me otorgaba, en mi pueblo, de poder exaltar a Nuestra Virgen de la Estrella, llamada que en sí mismo, sentí irrenunciable, “no se pueden poner trabas a quien tanto le debemos” me dije; pero, por otra parte, sentí el temor ante la grave responsabilidad que contraía al contestar afirmativamente.

Comprendí en aquel momento lo difícil que me resultaría quedar al nivel de los que me han precedido, muchos de ellos excelentes oradores, capaces de desarrollar un pregón que además de llevar implícito un mensaje, un contenido espiritual y reflexivo, envuelto en un lenguaje poético, invite a participar en las fiestas que hoy abrimos en conmemoración de nuestra Madre.

Pregonar supone anunciar públicamente la celebración de una festividad, al mismo tiempo que se incita a participar en ella, pero para quien os habla, pregonar las Fiestas de la Virgen de la Estrella implica algo que va más allá de una simple celebración que se repite todos los años.

 Como alguien ha dicho, ser pregonero es casi una misión de ángeles, y francamente, yo estoy muy lejos de serlo y, además, ni soy poeta capaz de construir fácilmente hermosas frases que envuelvan elevados conceptos, ni estudioso de fenómenos religiosos capaz de hacer comprender el misterio que hace que en estas fechas se congregue aquí todo el pueblo de Los Santos, nuestro Pueblo.

Pero, como os decía, caí en la cuenta de que, como santeño, como hijo de La Estrella, era obligado mi compromiso de cumplir con el mandamiento de dar testimonio de Ella y decidí entonces presentarme ante vosotros sin más bagaje que mi fe sencilla y, por qué no decirlo, vacilante en ocasiones, haciéndolo como lo que soy, un paisano que a corazón abierto va a tratar de hablaros de los sentimientos hacía su Virgen, hacía su Pueblo, porque poco significa para mí el Uno sin la Otra, Nuestro Pueblo sin Nuestra Virgen, Nuestra Virgen sin Nuestro Pueblo.

Excelentísimas y dignísimas autoridades, Rvdo. Sr. Cura Párroco, Sr. Alcalde de Los Santos de Maimona, Sr. Mayordomo y miembros de la Junta de Gobierno de la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella, querida familia, queridos paisanos, amigos todos.

Ante todo, quisiera agradecer a la Junta de Gobierno por distinguirme como pregonero de este año, agradecimiento que hago extensivo también a mi amigo Antonio Apolo por sus palabras de presentación. Palabras que obedecen mucho más a los gustos y afinidades que compartimos, entre ellos y en lugar muy destacado la devoción a Nuestra Madre la Virgen de la Estrella, palabras por tanto –os decía– que se deben más a esto y a la amistad que nos profesamos, que al mérito de quien os habla. Tampoco quisiera ocultar la alegría que siento porque este acto tenga lugar el fin de semana en el que he sido ascendido a General de División; una vez más la Virgen ha sido generosa conmigo y me ha pagado por adelantado.

Como todos sabéis, pertenezco a una humilde familia santeña, hijo y nieto de santeños que nacieron, vivieron, trabajaron y murieron en esta santa tierra. ¿Cómo entonces recordar cuál fue mi primera celebración de las Fiestas de la Virgen? Sencillamente no me acuerdo, no me acuerdo porque estaba casi en mis genes, como en los de todos vosotros, antes de nacer, porque nuestras madres y abuelas habían hablado con la Virgen tantas veces, que para nosotros nacer fue un continuo, en lo que se refiere a la pertenencia a la Virgen de la Estrella. Por supuesto, luego vendría el bautizo, el paso por debajo de tu Manto, Señora, la primera oración con el recién nacido, pero todo eso era continuación de la chispa que un día saltara en la mirada de nuestros padres y de la que la Virgen conocía y conoce hasta los detalles más íntimos.

Pertenezco a una generación para la que el camino de la Virgen ha sido una parte significativa en su vida. Nuestros primeros pasos transcurrieron en el paseo de las barandas y en el patio de la Virgen. Primero, guiados por nuestros padres hasta que tuvimos edad de venir solos, teniendo cuidado con esos “cortinales” que entonces nos parecían mucho más grandes, desconocidos y por tanto peligrosos. Aquí tuvieron lugar nuestros primeros pasos en el deporte, ese deporte que para nuestra generación  fue primero una asignatura pendiente y después, como se suele decir en el argot estudiantil, una “maría”. Por eso, cuando nos interesaba la práctica de alguno, tenía que ser aprovechando ciertos terrenos libres y los conocimientos de nuestros mayores que nos permitían colmar nuestros anhelados deseos.

 El fútbol lo practicábamos en las eras de Rio Verde, bueno mejor, como decía nuestro maestro D. Antonio Calvo, se practicaban dos deportes, fútbol y campo a través. Futbol con dos equipo más o menos de once, dos piedras a ser posible bien gordas, como solemos decir– señalando las porterías y un balón más o menos de reglamento. No necesitábamos árbitro, se imponía la razón, o el saber del más docto en la materia. Todo marchaba bien, hasta que aparecía el guarda a caballo y alguno más atento daba la voz. Aquello se convertía en la carrera más exigente y competitiva del día, hasta alcanzar lo antes posible la meta situada en el pilar de Vistahermosa, que significaba que esa vez nos habíamos librado.

Sin embargo, en los alrededores de la Ermita era distinto, aquí era posible practicar algo de una manera más tranquila, incluso aventurarse a un incipiente partido de tenis aprovechando el pavimento de la pista de baile.

Hubo también momentos en los que el camino tuvo su significación propia, coincidentes con nuestra pubertad o primera juventud, cuando todo cobra más fuerza. Fueron los años de la Academia aquella organización de enseñanza que permitió a un buen puñado de santeños a iniciarse en su propia formación–. Fueron los momentos de compartirlo a veces en pandilla, con sentido de primeras escapadas con aires de libertad, a veces en solitario, pero siempre con el anhelo de poder llegar a tu Ermita y hablarte de todo lo que Tú ya bien conocías, además de nuestras preocupaciones.

A algunos este camino se nos quedó en la memoria cuando tuvimos que alejarnos de Ti y recorrer otros más lejanos. Otros que nos llevaron, como al que os habla, a implorar tu ayuda bajo otras advocaciones. Así te he visitado muchas veces como Virgen del Pilar, en Zaragoza, primero, cuando me preparaba para ingresar en la Academia General Militar, después, cuando fui cadete de la XXXII promoción, y muchos años más tarde, cuando las responsabilidades me llevaron a asumir el mando del Regimiento de Caballería “España 11” cuyo acuartelamiento está ubicado en la orilla norte del Ebro. Allí, contemplándote en el Pilar, te he visto a Ti también, Madre, y me has dado siempre las fuerzas para continuar aún lejos de los míos.

En otra etapa de ese mi particular camino, tuve la oportunidad de visitarte en una tierra muy necesitada de Ti, en Bosnia-Herzegovina, en el Santuario de Santa María de Medjugorje. Allí, donde tantos ciudadanos de toda Europa peregrinaban para verte, a pesar del riesgo que corrían en aquellos años. Allí, donde Tú eras la única capaz de dar Luz a los rostros de aquellos niños que, creedme, tenían sus caras marcadas por una pena tan profunda que ninguno de nuestros regalos, que en forma de ayuda le aportábamos, podían arrancarle una sonrisa. Sólo el amor, del que Tú sabes tanto, puede vencer al odio que siembran esos conflictos.

Allí fue donde en un destacamento de la primera Agrupación de nuestra tierra, la “Extremadura”, en una noche de 24 de diciembre, y en una primera planta de un edificio sin escaleras –pues la guerra detuvo también la construcción–, planta, a la que había que acceder subiendo previamente a la torre de uno de nuestros blindados, organizamos nuestra particular cena de Noche Buena. En el interior, aprovechando dos estancias contiguas se montó el salón comedor, velas de todo tipo y linternas con focos de distinta potencia iluminaban y adornaban, a modo de candelabros, aquellas mesas y sillas de campaña allí instaladas. Una organización nacional de reposteros había preparado la cena a la que cada uno añadió, de lo recibido de casa, algo típico de su tierra. Probamos el chorizo extremeño, la morcilla burgalesa, la butifarra catalana, y el lacón gallego entre otros, con algo de rioja y valdepeñas, mientras que los dueños del territorio contribuían a nuestra celebración disparando sus armas y festejando a su manera.

En los postres, no faltaron tampoco el turrón de Alicante, ni el mazapán toledano. Entretanto, nuestros muchachos empezaron a cantar los entrañables villancicos que nos emocionaron a todos, hasta el punto, que algunos sólo se sintieron capaces de acompañar con el ruido del improvisado instrumento compuesto por una botella de anís y una pieza del cubierto. Dichos cánticos nos contagiaron de alegría y nostalgia y nos unieron con aquellos que lejos, en nuestra patria, estaban haciendo en ese momento algo muy parecido. Y de aquellos corazones emocionados salieron sus vivas a quien en la distancia les unía con sus seres queridos, y allí se los dimos, con los andaluces a la Virgen del Rocío, con los maños a la Virgen del Pilar, con los valencianos a la Virgen de los Desamparados, con los pacenses a la Virgen de la Soledad y a la Virgen de Bótoa, y todos me acompañaron para que en aquella noche me sintiera un poco más cerca de vosotros al gritar tu Nombre uniéndonos en un viva a la Virgen de la Estrella.

Muy recientemente, en este mi camino, y con motivo de mi destino en Sevilla, he tenido la oportunidad de asistir al aniversario, cuatro veces centenario, de los que Te reconocen también como su patrona en la calle San Jacinto del barrio de Triana, y comprobar que son muchos los pueblos de España que, como el poeta Te cantara, para ser cielo Estrellado les basta sólo tu Estrella.

Por todo esto y porque mi camino siempre ha sido y será una forma de buscarte,  quiero decirte:   

¡Ay! Madre si Tú quisieras,

yo por Ti el Camino haría,

desde el Pueblo a Mariaño,

de Mariaño a la Ermita.

 ¡Ay! Madre si Tú quisieras,

yo ante Ti, me postraría

para contarte mis cosas

para hacerte compañía.

Por el camino aprendí

que andando se ha de ganar

lo que con fe te pedí,

porque caminar y orar

son dos partes por igual

del milagro de existir.

 ¡Ay! Madre si Tú dispones

que otra vez lejos esté,

haz que mirando a poniente

pueda siempre verte bien,

porque el faro de tu Luz

hará que las sombras no tengan

ni amargura, ni poder.

Y cuando en los Santos me encuentre,

no permitas Madre Mía

que no vuelva a visitarte

por mi Camino Vigía,

desde el Pueblo a Mariaño,

de Mariaño a la Ermita,

¡Ay! Madre si Tú quisieras

Yo por Ti el Camino haría.

 Y como el día llegará

que el Camino verdadero

Tú, Madre me indicarás,

quisiera dejarte yo, aquí,

mi faja de General

para poderte abrazar

con mi alma siempre a Ti.

Pero todo camino tiene su recompensa y qué recompensa más grande es para todos los santeños llegar en estos días a ese álamo secular que llamamos “Árbol Gordo” y encarar este patio de Tu Ermita, antesala de Tu Casa y donde tienen y han tenido lugar tantos momentos que estarán siempre en nuestra memoria.

Cómo no recordar los conciertos de música después de la solemne Función en el día Grande, en Tu Día, y como no echar de menos esa sintonía particular de Tus fiestas, la del Ramo de la Virgen, esa subasta tan especial que no deja indiferente a ninguno, al donante al ver que su contribución está entre los objetos seleccionados, al que puja porque está participando en una buena obra para su Madre, la Virgen, y no digamos a esos niños y niñas que se acercan antes de ir a montarse en los “cacharritos” mientras sus padres se toman la “tapita” en una de las cantinas del ante patio.

Cómo olvidar este patio engalanado de belleza, en aquellos años de la Fiesta de la Vendimia, o de cultura, con los Festivales de España que hicieron posible que tantos santeños y vecinos de la provincia conocieran de cerca nuestros más entrañables bailes populares españoles, u obras de teatro y zarzuela de los mejores autores.

Pero, Madre, ya todo está preparado para Tu Fiesta, ya sentimos el día, pero no llega. Por eso, ansiosos por los momentos que tenemos que vivir dentro de muy poco, por este camino que hemos cantado y homenajeado, vendrán tus hijos de Los Santos a rendirse a Tus Pies con sus ofrendas, ofrendas que recogerán sus recuerdos para los que ya no están con nosotros, ofrendas en las que te contarán sus preocupaciones en estos tiempos de crisis, sus incertidumbres por los que más quieren y sus anhelos, con ese murmullo que Tú conoces, implorando tu ayuda.

Y en esta particular ofrenda de flores, me gustaría escoger para Ti unas muy especiales, para que Tú, Madre, que todo lo puedes, hagas que brillen cada día más en todos los hijos de este pueblo, Tu Pueblo:

La flor del esfuerzo diario de todos aquellos que han luchado y luchan, día a día, por conseguir un sueño, su sueño, que hace posible que cada uno, desde el puesto que ocupa, participe en la construcción de un pueblo con una sociedad cada vez más próspera y a la altura de los cambios que nos han tocado vivir.

La flor de la cultura que, alejando de nosotros viejas lacras, permite que todos podamos desarrollarnos como seres humanos, en el mundo actual.

La flor de los valores, de escasa producción en los momentos actuales según algunos expertos, pero que con sus pétalos: libertad, paz, respeto, alegría, austeridad, honor, amistad hace posible una convivencia más justa y una mayor solidaridad entre todos.

Pero todas ellas no valdrán sin la flor que más reluce, por ser Tú y tu Hijo quienes la mostrasteis en grado supremo a los hombres, la flor del Amor, del amor desinteresado, que no quiere nada a cambio, que hace posible la ayuda a los que menos tienen, del amor que sabe perdonar a los que nos ofenden, del amor que alienta a los que están dispuestos incluso a dar su vida por las enseñanzas que de tu Hijo hemos recibido.

Por ello y presentando estas flores en señal de ofrendas para que las bendigas, no quisiera terminar sin pedirte Virgen mía:

Tú que brillas en las noches más oscuras,

Tú que alumbras en las almas más inciertas,

Tú que esperas a Tus hijos en sus puertas,

Tú que sabes consolar sus amarguras,

Tú que has visto pasar tanta locura

que la debilidad humana nos alienta,

Tú que sufres como madre cuando intentas

a los tuyos colmar su desventura.

Haz que Tu Manto nos ampare, Madre mía,

nos proteja en nuestra diaria aventura

y nos lleve a Tu Puerto, cuando nos falte la (“via”) vida.

Haz que Tu Luz en el Árbol sea nuestra guía,

que nos traiga a Tu Ermita ante cualquier duda

y aquí encontremos Nuestra Estrella, Virgen María

¡VIVA LA VIRGEN DE LA ESTRELLA!                            

  MUCHÍSIMAS GRACIAS.  

 


Juan Manuel García Montaño

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2012

       PREGÓN DE LAS FIESTAS 2012 

 

Saluda

     Buenas noches a todos: Reverendo Sr. Cura Párroco, Sr. Alcalde, Sra. Jueza de Paz,  Sr. Mayordomo, Reina de las Fiestas de la Vendimia, Junta de Gobierno y Camareras de la Virgen de la Estrella, asistentes al acto, familiares y amigos; gracias por vuestra presencia en este  preludio de las Fiestas en honor de Nuestra Patrona, la Santísima Virgen de la Estrella, fiestas  que esta noche  nos disponemos a comenzar.

     Jamás me hubiera imaginado a lo largo de los años que he asistido a ellas , que algún día tendría el gran honor de presentar las Fiestas Patronales de mi  pueblo. Muchas gracias a los miembros de esta  Cofradía por considerarme apta para este cometido,  compañeros de alegrías y , por qué no también , “de fatigas” en los años que ejercí como Secretaria de la misma.

     Cuando Paco  Murillo y Manolo Sayago, en calidad de Mayordomo y Secretario, fueron a nuestra casa a ofrecerme dicho honor he de confesar que experimenté un doble sentimiento: agradecimiento y alegría porque se acordaran de mí  y  turbación por la responsabilidad que ello suponía, pues era  consciente de que sólo había una respuesta posible:  un “sí, acepto”. Cualquier argumento que  yo esgrimía, era rebatido por ellos y Paco, que llevaba bien aprendida la lección,   concluyó  diciendo: “Mira, Estrella, para ser Pregonero de las Fiestas de la Virgen sólo hay que cumplir tres requisitos: ser hijo de Los Santos, (eso lo cumplo  ), tener devoción a la Virgen de la Estrella (  eso también) y  ser cristiano practicante (tarea  que intentamos cumplir cada día )”. Así que la conversación quedó zanjada;  ellos contentos para casa porque ya tenían pregonera para las Fiestas, y yo dándole vueltas  al compromiso que acababa de adquirir.

      Las letras eran, en parte, lo de menos,  lo que más me preocupaba era la responsabilidad de presentarme ante ustedes, ante vosotros si me permitís, ante mis familiares y amigos, ante mi querido pueblo. Porque vivir en un pueblo tiene esa característica, que todos nos conocemos y sabemos de nuestros hábitos, ideas  y costumbres. Por eso,   cuando uno manifiesta en público sus opiniones  y, especialmente,  cuando uno habla  como en esta ocasión a sus paisanos,  no puede decir cualquier cosa,  debido a que  nuestras palabras nos comprometen, la cercanía en el espacio y en  el tiempo nos exigen una cierta coherencia entre lo que manifestamos y nuestra manera de actuar.

      Por ese motivo, el compromiso que contraje, al aceptar el ofrecimiento, se me antojaba tan fuerte. Sin embargo,  pronto recibí  las palabras de aliento de mis antiguos compañeros de Cofradía o el consejo de Loli, la Camarera Mayor: “Tú, Estrella, como cuando me hicieron la entrevista, habla desde el corazón”. Y eso es lo que pretendo  hacer esta noche ante vosotros: comunicaros mis experiencias como mujer santeña y como devota a María, en su advocación de la Estrella, y cómo dicha devoción adquiere significado en mi vida cristiana.

 

      Palabras del gran poeta D. Antonio Machado en su poema  Retrato para comenzar este pregón:

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud,veinte años  en tierra de Castilla;

       mi historia, algunos casos que recordar no quiero”.

 

   Mis recuerdos de infancia  y  de juventud  también se remontan a  otro patio, a un  patio empedrado de azul y blanco, a una ermita y a una fuente,  a un Árbol Gordo y a  una  gran explanada,   a una larga y encalada  cerca que bordeaba un generoso camino. Y digo “generoso” porque  a todos nos ofrece, según nuestra edad,  juegos infantiles,   tranquilos paseos de novios y  amigos,  escenario de confidencias, de paseos en solitario; un generoso camino que es, en nuestro pueblo, un lugar de encuentro  que forma parte de lo cotidiano de sus gentes.

   Al inicio o al final, según miremos, de ese camino se encontraba el Hospital de las Monjas, de las Religiosas  Doroteas quienes para  un buen grupo de niñas y jóvenes de mi época marcaron su impronta en nuestra forma de ser y de pensar. Nos descubrieron otra forma de entender la religión, colaboraron en nuestra formación humana y  personal  con sus conversaciones, con sus actividades,  sus labores de corte y confección , tricotosa, mecanografía o taquigrafía. Vaya nuestro recuerdo y agradecimiento a Sor Esperanza, Sor Vázquez, Lupe, Fina, Sor Giralda, Elvira o Priscila  y  a tantas otras  que dejaron su trabajo en los  habitantes  de nuestro pueblo.

  Y alojada  en el recuerdo, vienen a mi  mente aquellas  mañanas en las que a  última hora de colegio nos anunciaban las maestras: “ Esta tarde no traigáis libros, traeros la “merendilla” que vamos a la Virgen”. Estas palabras marcaban la inauguración del buen tiempo, de las tardes soleadas que permitían   nuestros juegos  en la gran explanada del Antepatio:  la comba, el elástico, el escondite, la recogida bellotas de la enorme encina que vertía sus ramas al camino y que se acompañaba de  algún buen susto por parte del gran mastín blanco que guardaba la finca,... !Cuánto  nos gustaba ir cantando por la calle  canciones populares que hacían salir a las vecinas de sus casas! Estas salidas escolares eran el preludio del Mes de Mayo en el  que, con nuestras maestras,  preparábamos oraciones y cultos en honor a Nuestra Madre.

    Tras la infancia se suceden, casi vertiginosamente,  juventud y  madurez  y, aunque suene a tópico, pocos son los acontecimientos importantes de nuestra vida en los que no esté presente la visita a la ermita de Nuestra Señora: mi marcha del pueblo para realizar los estudios,  mi primer trabajo, nuestra boda, el nacimiento de nuestros hijos;  visita voluntariamente obligada en la que unas veces damos gracias y las más pedimos aquella necesidad que nos acucia  en el momento.

   Y se presentó  la oportunidad de servir de manera más directa a la Virgen de la Estrella, cuando el anterior Mayordomo  me requirió para ser Secretaria de la Cofradía. En dicha tarea me empleé lo mejor que pude durante cuatro años, poniendo toda mi ilusión y  esfuerzo. Y como cuando nace un niño, este honor, que así lo considero, venía sin libro de instrucciones, pero  viví el aprendizaje con bastante tranquilidad porque, y lo digo con el corazón, tuve buenos maestros, personas dedicadas durante muchos años al servicio de la Virgen de la Estrella  y, por la trascendencia que esta cofradía tiene, al servicio de todo un pueblo.

       Recuerdo las palabras de Joaquín cuando empezaban los azoramientos de las fiestas “No, si eso las “mujeres” ya saben,...” Y ahí estaban las Camareras que empezaban sus limpiezas,  arreglos y quehaceres para que todo estuviera a punto; la dedicación “sine tempore” del amigo Rojas, la compañía de mi amiga  Peranchi en la preparación de la revista, de la tómbola y de “su” concurso de petanca;  las experiencias compartidas de   tantos otros de los que guardo  un grato recuerdo, de todos y cada uno de los que aquellos años trabajamos  por mantener la devoción y engrandecer las fiestas de nuestra patrona. Y es que el elemento común que advertía en vosotros, pues muchos permanecéis aún en la Cofradía,  era la constante disponibilidad para trabajar por y para la Virgen, aunque suene  un tanto pretencioso pues somos nosotros los que,realmente, necesitamos de ELLA. Gracias, de nuevo, por vuestras enseñanzas y vivencias.

 

        Desde pequeña he tenido una especial inclinación hacia las lenguas, hacia las palabras, quizá por ello elegí los estudios de filología.  Salvo  ocasiones, no creo que “una imagen valga más que mil palabras”, pues la palabra es lo que nos hace diferentes al resto de los seres vivos, es nuestra seña de identidad: recibimos con ilusión las primeras palabras de un niño, estamos atentos a las últimas palabras del moribundo, agradecemos una palabra de aliento, lamentamos  palabras que hieren como  puñales o con ahínco buscamos la palabra exacta.

 

       Mediante la palabra ponemos nombre a las cosas según el mandato divino: “”Entonces el Señor modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera”.(Gen. 2,19) Fue Dios quien nos otorgó esta potestad y nosotros hemos hecho uso de ella,  pues  nos hace semejantes a Él.

    También el libro del Eclesiastés considera  que la palabra expresa la interioridad del hombre, que cada cosa tiene un medio para controlar su autenticidad, y el del hombre es la palabra:

 

“ ...el horno prueba la vasija del alfarero,

el hombre se prueba en su razonar;

el fruto muestra el cultivo de un árbol,

la palabra la  mentalidad del hombre”... (Eclesiastés, 27, 5-6)

 

        “Razonar” y “palabra”, términos vinculados a la condición de hombre y que están incluidos en los diversos significados del vocablo griego “logos” que, según el contexto puede significar tanto “palabra” como “razón”. Y es, precisamente,  ese término “LOGOS”  el que  utiliza el  original  griego del evangelio de San Juan  para referirse a Jesús y que luego San Jerónimo en la Vulgata traducirá como VERBUM.

 

“En el principio ya existía la PALABRA,

 y la Palabra estaba junto a Dios,

 y la Palabra era Dios”

...En la Palabra había vida,

y la vida era la luz de los hombres (Jn. 1, 1 y 4).

 

       Para mí, la diferencia que establece la palabra o el lenguaje entre los hombres y las otras criaturas, es la misma que la PALABRA (con mayúsculas) marca entre nosotros, los cristianos, y las otras religiones y creencias.

       Y es aquí, en este momento de la Historia,  cuando adquiere su relevancia la protagonista de esta noche: María, la joven de Nazaret, quien con una mínima palabra, un SI, un “fiat” cambió el rumbo de la historia del hombre. María hizo posible que Dios se manifestara y se diera a conocer  a través de su PALABRA, en la Encarnación de su Hijo.

        Son los versos de nuestro poeta místico por excelencia, San Juan de la Cruz,  los que recogen  este episodio evangélico y este misterio de nuestra fe:

 

  Entonces llamó a un arcángel

que San Gabriel se decía,

y enviólo a una doncella

que se llamaba María,

de cuyo consentimiento

el misterio se hacía;

en la cual la Trinidad

de carne al Verbo vestía;

y aunque tres hacen la obra,

en Él uno se hacía;

y quedó el Verbo encarnado

en el vientre de María.

Y el que tenía sólo Padre,

ya también Madre tenía,... (Romances al evangelio, San Juan de la Cruz)

 

 

        Y el hombre, siguiendo el mandato divino de “poner nombre” a las criaturas, también necesitó ponerlo a María y, así,  en las distintas advocaciones recogemos los misterios marianos y, especialmente, los anhelos, preocupaciones y necesidades de los hombres: Virgen de la Estrella, Nuestra Señora de los Ángeles, Virgen de la Victoria, Virgen de la Soledad, Virgen de Cidueñas, Virgen de las Angustias, Virgen de la Candelaria, Virgen de la Esperanza, por recoger algunas de las advocaciones más populares en  nuestra localidad.  Y en la mente de cada uno de nosotros irán apareciendo nombres  de Vírgenes que por su significado particular, familiar o de tradición ocupan nuestras plegarias: Virgen del Carmen, Nuestra Señora de  la Hermosa, Virgen de la Coronada, del Buen Suceso, del Buen Aire, Macarena, Pilar o Rocío.

        Y en este afán nuestro de etiquetar y poner nombre a las cosas es donde   flaquea nuestra naturaleza humana, pues ese nombre que adjudicamos a  María, en ocasiones,  exacerba nuestro fervor popular  hacia una u otra advocación mariana, olvidando su persona,  obviando su esencia y el significado de su figura. Nos convertimos en forofos en lugar de devotos. 

         Permitidme una breve  anécdota que ilustra esta idea “una tía  de mi padre marchó a vivir a un pueblo de Sevilla, en donde se veneraba a María en las advocaciones  de la Virgen de Consolación y Nuestra Señora del Rosario, pero como suelen decir los vecinos andaluces cada cual quería “a muerte” a “su” Virgen. Hasta aquí bien, pero el problema surgía cuando en el matrimonio la mujer era de una advocación y el marido de otra.  Cuando era la fiesta de la “virgen materna”, llamémosla así, ! Qué fiesta!,  gallo muerto, dulces, paga extra y  traje nuevo...!, pero !ay, amigos! cuando se trataba de la” virgen del padre” una frugal comida  ocupaba la mesa,  aparejo  de mulas y aperos como cualquier día de trabajo, ausencia de cualquier detalle que invitara a fiesta. Y no fueron pocas las veces que mi tía se encontró en un verdadero dilema  cuando vecinas de “ambos bandos” solicitaban su adscripción a una u otra virgen. Peligrosa encrucijada que intentaba solucionar  alegando que “ella era de la Virgen de la Estrella”.

       Por eso, a los cristianos del siglo XXI lo que, quizá,  nos exija esta sociedad progresivamente más laica  y más alejada del hecho religioso sea el engrandecer la figura de María por lo que realmente significa: por ser la persona que mejor  interpretó la voluntad de Dios, la que se fió de Él, sin tener miedo a lo que le pidiera, la que no pedía  explicaciones,  aunque a veces no comprendiera lo que sucedía en su entorno y quien se preocupaba  por los demás en el devenir del día a día.  Eso, en esencia, es  lo que hace que  su figura siga vigente en nuestra sociedad actual y dé respuestas a tantos interrogantes que se nos plantean en el mundo moderno.

       En esta noche, en la  casa de Nuestra Madre y en los aledaños de sus fiestas  me han parecido oportunas   tres parejas de palabras, que por oposición o por proximidad semántíca,  me evocan la persona de María y que son:

aprender – enseñar, Virgen - Madre y devoción – fiesta.

     -aprender-enseñar:  dos verbos que tienen un significado especial en la vida del hombre; pues casi todo debemos aprenderlo a lo largo de ella: recordamos con cariño nuestros primeros maestros, nuestros catequistas,  las enseñanzas de nuestros padres, de nuestros mayores, vecinos o amigos; porque el enseñar y el deseo de aprender son formas de crear vínculos fuertes entre las personas. Estoy convencida de que de  todos, incluso de los más humildes, podemos  aprender algo.

   Considero, Concha, que es este   el momento propicio para agradecer tus palabras de presentación, tu aceptación inmediata a la propuesta que te hice. En estos momentos, mi agradecimiento es mayor por haber experimentado hace pocos días la pérdida de un familiar querido y estar esta noche aquí conmigo. Son estos dos verbos los que nos han hecho coincidir en el trabajo y en el interés común que compartimos de poner nuestro  grano de arena en la formación de los muchachos de nuestro pueblo. Trabajo que ya  apuntara y pusiera en práctica  nuestro admirado D. Ezequiel como una modesta forma de mejorar la sociedad que nos ha tocado vivir. En estos años de trabajo conjunto has conseguido mi respeto como profesional y mi cariño como persona.

 

     Y en esta línea del aprender y del enseñar,  las palabras de nuestro anterior Papa, Juan Pablo II , nos dan constancia de la función educadora de María, de lo que ella enseñó a su hijo y nos enseña a los demás cristianos :”...María contribuyó de forma esencial al crecimiento y desarrollo de su hijo, y también le acompañó en su crecimiento humano. ...En las circunstancias concretas de cada día, Jesús podía encontrar en ella un modelo para seguir e imitar, y un ejemplo de amor perfecto a Dios  y a los hermanos”.

 

      -  Virgen y Madre: dos aposiciones inseparables en  María y, por otra parte, imposibles en cualquier otra mujer por ser condiciones excluyentes. Fue precisamente el fervor popular, una intuición de fe del pueblo cristiano la que hace que los teólogos adoptaran para María el apelativo de Theotocos o Madre de Dios,  definido como dogma de la maternidad divina en el Concilio de Éfeso (año 431). Son los cristianos del siglo III, en Egipto, quienes comienzan a invocar  a María como Madre de Dios, en una sencilla oración que muchos  de los presentes sé que conocen: ”Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

     La figura de María nos enseña el verdadero sentido de “ser madre”: la capacidad de     escucha  ante las necesidades de los demás, la entrega gratuita, la tolerancia hacia decisiones que no entendemos o no compartimos, la  mediación en conflictos, el           acertado consejo, el refuerzo positivo y otra serie de valores que la condición de madre nos ayuda poco a poco a ir descubriendo en las relaciones personales.

      Creo, sin ánimo de entrar en polémica, que la condición de mujer comporta una cierta sensibilidad que la condición de madre  acrecienta. Socialmente,  se nos ha permitido manifestarla en público  con más indulgencia que a los hombres; por eso recuerdo que cuando éramos pequeños llamaba mucho nuestra atención ver llorar a las “ mujeres mayores”, como decíamos nosotros, cuando trasladábamos a la Virgen al pueblo o cuando en la Función o novena se entonaba su himno. Con el paso de los años descubrimos que son emociones espontáneas y personales que a cada uno le llegan en su momento y que, difícilmente, son explicables o transferibles a los otros: las lágrimas que afloran, el nudo en la garganta o las vivencias  que se precipitan en nuestra mente. Aquí si que la advocación mariana y el sentimiento personal se dan la mano. 

        

  -  devoción  y fiesta: La devoción, según Santo Tomás de Aquino , "no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios". La devoción, pues, radica en la intimidad del que se siente inclinado al servicio de quien le es superior, que en el caso que nos ocupa es la Madre de Dios.
Así, el Concilio Vaticano II considera que las diversas formas de piedad hacia ELLA, hacen que, al honrar a la Madre, el Hijo sea más amado, y recomienda  estas  prácticas de piedad  mariana tradicionales. Romerías, novenarios, triduos, fiestas patronales son manifestaciones populares en las que se materializa la devoción y el fervor de los creyentes.

        En cada lugar  y  momento honramos a nuestra Madre con ofrendas florales y de productos de la tierra,  el Ramo o la Puja, como dicen en Fuente de Cantos,  sorteos y celebraciones festivas: bailes, cantinas, concursos y  costumbres  paganas, pero también necesarias  que aderezan lo religioso con tradiciones y usos  que ayudan a evadirse de los trabajos diarios. Con ellas tendemos a honrar a  nuestra Madre y a conseguir su intercesión poderosa, resquicio esta práctica   del pragmático espíritu religioso de los romanos y que ellos sintetizaban en la máxima “Do ut des” (Doy para que me des).

          La fe y el cariño que profesamos hacia nuestra patrona no sólo puede quedarse en el culto, también debe movernos a imitarla, como el propio Concilio nos invita:  “que la devoción  a  Santa María no sea un afecto estéril y pasajero sino una recta devoción, anclada en una fe viva que se traduzca en imitación”.

 

        Y sin más preámbulos, celebremos las Fiestas Patronales de este año 2012  con todo lo que ellas significan: culto, devoción, agradecimiento, fiesta y evasión. Que  la situación social y económica que atravesamos no nos impida celebrarlas con la fe e ilusión que la Virgen se merece.

    Y ya termino, sólo me resta agradeceros  vuestra atención y pedir a Nuestra Señora de la Estrella, Virgen y Madre, que aprendamos con sus enseñanzas a ser mejores personas y  mejores santeños , como recoge una canción popular:

 “...y en la ermita postradas allí, (las niñas de Los Santos)

a la Virgen le piden con fe,

que  Los Santos sea pueblo feliz”

y los hombres le juren querer”...

  En definitiva, solicitar su ayuda para que consigamos ser  cristianos comprometidos  que sigan  celebrando muchos años con devoción y entrega las fiestas de su Patrona.

                                        !Viva la Virgen de la Estrella!

 

 

                                       Los Santos de Maimona, 6 de septiembre de  2012.

Estrella Pachón Amador

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" DE LA AUSTERIDAD AL LUJO O DEL LUJO A LA AUSTERIDAD

Es curioso que en las distintas y variadas apariciones que se señalan a la Virgen, ésta siempre se aparece a pastorcillos sencillos, hombres o mujeres del campo y en lugares exentos de majestuosidad o lujo. Oímos las leyendas de los pueblos y la Virgen aparece en un árbol de los muchos de nuestros campos, en pequeñas grutas, enterrada alguna imagen en algún pueblecito y siempre a personas humildes. Puedo equivocarme, pero he oído muy poco, por no decir nunca, apariciones en palacios, castillos, o grandes mansiones. ¿Qué nos querrán enseñar nuestros antepasados con estas clases de leyendas? ¿Qué lección nos brindan para nuestra vida cristiana? Yo creo que actualmente hay un esfuerzo, pudiéramos decir sobrehumano, por cambiar la humildad, sencillez y austeridad de la Señora con el fin de justificarnos a nosotros mismos y justificar nuestra manera de vivir. Inmediatamente que se oyen apariciones se construyen basílicas, santuarios, templos y explanadas. Y lo más terrible es que ponemos en labios de la Virgen la súplica y el ruego de que todo esto sea construido. Ella que se aparece, cuando raramente lo hace, con manto sencillo y sin coronas ni tocados suntuosos, nosotros inmediatamente le colocamos coronas de oro o plata, mantos bordados y tronos de materiales preciosos. Verdaderamente es la eterna lucha por imponer nuestros valores humanos y materiales por encima de los valores espirituales y profundos de Dios y cuánto El puede significar en nuestra sociedad. - ¿Cómo venerar una Virgen pobre y humilde, sencilla y austera? - ¿Cómo dejar de lado nuestros lujos, comodidades y materialismos para acercarnos a una imagen con ropas sencillas y pobres? - ¿Cómo contemplar a un Cristo de la cruz sin adornos de carrozas de madera recubiertas de plata, candelabros lujosos o de ánforas llenas de bellas flores? Sino podemos imitar a un Cristo o a una Virgen pobre, lo mejor es conseguir enriquecer a ese Cristo o a esa Virgen y ya estamos todos a la misma altura.

Pedro Mª Mancha Cadenas, Párroco de Los Santos de Maimona

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2013

PREGÓN FIESTAS PATRONALES

VIRGEN DE LA ESTRELLA 2013

 

 

 

Igual que nuestros padres,  te amamos y te queremos

Igual que ellos te hacemos altar y trono aquí.

Las perlas de tu corona,   son nuestros corazones

Pues tales son los dones,  más gratos para ti.

A ti Virgen de la Estrella,  madre, reina y patrona,

te dedico este pregón, desde el compromiso y sencillez

de mi humilde persona.

 

 

 

Reverendo Señor Cura Párroco, Señor Alcalde, miembros de la Corporación Municipal, Señor Mayordomo y Junta de Gobierno de la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella, Presidente de la Coordinadora de Cofradías, Presidentes de las distintas cofradías y hermandades aquí presentes, querida familia, amigos, paisanos todos. Buenas noches.

 

Gracias Manolo por las palabras que has tenido hacia mi persona, y por haber dicho SI, a la proposición que te hice para que fueras mi presentador en este acto tan importante para mí. Cuando acepté pregonar las Fiestas, no tuve ninguna duda a quien le iba a proponer mi presentación, pues debido a la amistad que nos une, poca gente me conoce tan bien como tú, porque son muchos los años que hace que nos conocemos, muchos los acontecimientos vividos juntos y muchas las cosas que tenemos en común, circunstancias éstas que hacen que me conozcas tan a fondo.

 

 

 

También quiero dar las gracias a la Junta de Gobierno de la Cofradía y a ti Paco como mayordomo por acordarte de mí, y por mostrarme tu confianza para este evento tan importante para todos los santeños, hecho que me llena de orgullo, pero también de responsabilidad, ya que nunca he tenido la oportunidad de ser el protagonista de un acontecimiento de tal magnitud, esto hizo que me lo pensara durante un largo fin de semana, consensuando mi decisión con Isabel, mi mujer, y con Mario y Marta, mis hijos, y que desde el primer momento me apoyaron, al igual que otras personas de mi confianza con las que compartí vuestra idea de que pregonara las Fiestas del año 2013. Mi único miedo era no estar a la altura de los que me han precedido, ya que han puesto el listón muy alto, y como ya he dicho anteriormente yo nunca he sido el protagonista en ninguna de las asociaciones, cofradías, catequesis, equipos de Nuestra Señora, y en otros grupos en los que he tenido y tengo la suerte de formar parte y de aportar mi granito de arena. Siempre me ha gustado ser uno más, estar en un segundo plano en todo lo que he hecho por y para los demás, dentro de la misma sencillez de mi persona y con un compromiso absoluto hacia la Parroquia. Esto era una oportunidad única en mi vida, y como bien me dijisteis tú y Manolo Sayago, aquella noche en el Centro Parroquial, ¿Por qué no iba a poder yo, ser Pregonero de las Fiestas Patronales de la Virgen de la Estrella.? Y  es con su ayuda, con la de la Virgen, con la que he escrito en estos folios, lo que pienso, lo que soy y mi manera de ver la vida desde mi presencia en la Parroquia. Espero haceros llegar mis vivencias de una forma clara, que todos entendamos, al igual que espero no defraudar a nadie y sobre todo a los que confiasteis en este humilde trabajador Autónomo, que afronta de una manera ilusionante, este momento. Pido perdón de antemano si no estoy a la altura.

 

Amigos verdaderos son los que vienen a compartir nuestra felicidad cuando se les ruega, y que nos acompañan en nuestras desgracias sin ser llamados. Uno de esos amigos, hoy no está aquí, pero seguro que estará apoyándome, en algún lugar privilegiado de este hermoso Patio de la Virgen,  o quizás, en el cielo, con la corbata nueva que iba a estrenar hoy para acompañarme en este acto, y que él compartió conmigo la alegría que supuso enterarse de que iba a pregonar estas Fiestas.  Amigo SEVE, allá donde estés, vaya para ti  este recuerdo, pues muchas de las experiencias que comentaré esta noche, las vivimos juntos a lo largo de los años; y como no, me hubiese gustado que estuvieras aquí, para despues “corregirme” o “criticar” algunas de las frases de mi pregón, espero que te guste.

 

 

Cuando se habla de las Fiestas de la Virgen de la Estrella, nos ponemos a pensar en nuestra niñez, cuando nuestros padres nos inculcaban el amor que todos los santeños tenemos a nuestra patrona, a nuestra Virgen, a la madre de todos los santeños, pues desde que nacemos y nos pasan a la mayoría por su manto, estamos protegidos toda la vida por ELLA, poniendo su mano en nuestro hombro ante la adversidad y los problemas.

 

Así vamos pasando etapas en la vida, niñez, adolescencia, juventud, hasta que nos hacemos mayores, sin dejar de visitarla aquí en su ermita, para hacerle llegar nuestras peticiones con los rezos correspondientes y darle las gracias por su amparo.

 

Recuerdo cuando era niño, las tardes que veníamos a jugar aquí a esta explanada, a los juegos de entonces, y también como no, al futbol, porque en las calles por aquella época y en el Paseo de las Barandas no podíamos hacerlo, pues venía el municipal de turno y lo primero que hacía era quitarnos el balón. También recuerdo como no, cuando acabábamos los juegos y veníamos a la bomba a refrescarnos, y  al llegar a casa, después de haber pasado aquí toda la tarde, mi madre me preguntaba: ¿Has entrado a hacerle la visita a la Virgen.? ¿Le has rezado y le has pedido por las personas que lo están pasando mal.?

 

Quizás yo no pensaba entonces, lo que significaba eso de rezar por la gente necesitada, y sobre todo quién me iba a decir a mí, que en el futuro, yo dedicaría horas, días, semanas, meses, años…. a esa labor tan gratificante para cualquier cristiano, como es: La ayuda a los demás.

 

También como no, recuerdo en esas tardes de juego aquí, cuando veía la Fe y Devoción que tenían todas las personas que visitaban a la Virgen. Muchas traían su Rosario y lo rezaban camino abajo. Recuerdo que en una ocasión, una señora que venía descalza, también hacía parte del camino de rodillas, y yo pensaba que sería por alguna promesa o simplemente para darle las gracias a la Virgen por algo que sólo ella sabría.

 

Y así pasaban los años hasta que llegamos a ser adolescentes, y en esa época empiezas a salir con las muchachas en pandillas y por entonces se venía todas las tardes de mayo, aquí a la Virgen. Y veíamos como se llenaba el camino de personas que iban y venían durante todo el día a hacerle la visita a la Virgen, en esa tradición tan arraigada en nuestro pueblo, como es “ Hacer el mes de Mayo” con la visita diaria a la ermita, a rezar, pedir, o dar gracias a nuestra madre, o simplemente para visitarla.

 

Tal era la ilusión, devoción y Fe que teníamos en la Virgen, que ya cuando yo empezaba a salir con Isabel (la que hoy es mi mujer y madre de mis hijos), le pedíamos que nos mantuviera juntos toda la vida, hasta el punto de que un 20 de Abril nos , como no aquí en esta ermita, donde tantas veces habíamos venido de novios y le pedíamos a la Virgen amor eterno. El tiempo, la madurez y la convivencia, nos han demostrado que el Amor se afianza más y que aquellos paseos a la ermita, aquellas peticiones que hacíamos aquí ante Ella, aquel amor eterno, se va cumpliendo, ¿Verdad Isabel.?

 

Todos los santeños llevamos a la Virgen en nuestro corazón,   y en el pensamiento, los que vivimos aquí, y los que, por alguna razón, se tuvieron que marchar y ahora vuelven estos días a visitar a la Patrona de su pueblo, a su Madre, a su Virgen de la Estrella

 

Todos tenemos una imagen suya con nosotros. Yo aún conservo una estampa que me regaló mi madre días antes de irme a la mili. Una tarde de septiembre, cuando vinimos a hacer una visita rutinaria a la Virgen, me dijo mi madre: ¡vamos a entrar a comprarle a “Emilia la ermitaña” una estampa de la patrona para que la lleves siempre contigo mientras que estés fuera!, y desde entonces la llevo conmigo, junto a las fotos de mi familia. Seguro que esta estampa la imprimiría mi gran amigo y colega de profesión Andrés Gutiérrez que en paz descanse. (Los  trabajos que se hacían en tipografía en las imprentas de antes, son más duraderos que los digitales y offset que se hacen ahora.)

Pero de nada serviría esto, si ese amor que tenemos a la Virgen, no somos capaces de canalizarlo hacia los demás. No podemos quedarnos con la visita diaria o la oración. Los cristianos tenemos que salir a las calles, a las plazas, a los bares, allá donde se encuentren personas que necesiten buenas noticias, dentro de tanta desesperanza como tenemos hoy. La verdadera misión que tenemos los cristianos, es: “Hacer el bien y no mirar a quién”, y mi labor con los demás dentro de la parroquia ha sido siempre con la intención de ser un miembro activo dentro de ella, con la mirada puesta en los demás, y ahí es donde hombres y mujeres sencillos, debemos poner nuestro trabajo y generosidad, para intentar que todos los grupos de la parroquia funcionen para el bien de la comunidad.

 

Esta inquietud, recuerdo que me la transmitieron mis amigos Juan Mejía y Tere Rivera, que como cualquier pareja de novios de entonces y de ahora, acudimos a los cursillos prematrimoniales previos a contraer matrimonio, siendo ellos nuestros monitores. Es a partir de ahí, cuando mi vida y la de mi mujer cambió de disponibilidad y desde entonces está ligada y dispuesta   para cualquier misión o labor que se nos  encomiende desde la parroquia. La primera experiencia que tuve como miembro activo, fue la catequesis de confirmación, que para ser la primera, me enriqueció mucho, pues los jóvenes te enseñan  bastante más de lo que creemos los mayores, pasando  después por monitor de cursillos prematrimoniales, y compaginando estas labores con la de cofrade, como Presidente de la cofradía de Nuestro Señor Amarrado a la Columna, María Santísima de las Angustias, Santo Cristo Yacente y Santa Cruz, durante mas de 25 años.

Este cargo también me llevó a formar parte de la Coordinadora de Cofradías como Tesorero y  en el cual me mantengo actualmente, llevando en el mismo  24 años. Toda esta disponibilidad  y presencia dentro la parroquia, no sería posible si alguien no te empuja a decir, Si hazlo, tu puedes hacerlo, y creo que ahí está siempre la voz de Jesús y su madre la Virgen, que son quienes  dan ese empujón que te hace falta para decir que SÍ, para decir que si a toda esta labor, compensando así esos momentos que a lo largo de nuestra vida le hemos pedido, rogado o le hemos hecho llegar nuestras peticiones tantas veces para que nos ayudaran a solucionar nuestros problemas, escuchándonos siempre. Es por eso por lo que hay que estar ahí, para cuando ellos o la parroquia nos necesiten.

 

En cualquiera de estas catequesis, siempre se da lo mejor de nuestras experiencias como persona, pero lo que quizás marcó mi vida para siempre fue mi entrada como voluntario en Cáritas. Fue algo que me ilusionó, me inquietó, y  después me preocupó, fue algo, que no sé muy bien como explicarlo, creo que todos los que han pasado por este grupo de acción caritativa sabrán a lo que me refiero.

 

CÁRITAS es la acción caritativa y social de la Iglesia Católica en España creada en 1947. Tiene entre sus objetivos la promoción y coordinación de la solidaridad de la comunidad cristiana y la ayuda a la promoción y desarrollo integral de la dignidad humana, y de todas las personas que se encuentren en situación de precariedad.

 

En la actualidad la red nacional de Cáritas está constituida por 5000 Cáritas Parroquiales, siendo el compromiso con las personas necesitadas. Está apoyada por el trabajo gratuito de más de 65 mil personas voluntarias, que representan el 90 por ciento de los recursos humanos de la institución en toda España. Cáritas tiene una experiencia constante al trabajo con los pobres y para los pobres, conociendo sus problemas más frecuentes y las consecuencias familiares, morales y humanas de su situación. Es por ello que se siente obligada a denunciar situaciones que la sociedad olvida, como es: El mundo de los pobres y los marginados.

 

LA CARIDAD la entendemos como la acción de dar, pero detrás de cada familia, de cada joven sin empleo, de las mujeres maltratadas, de personas afectadas por el drama de la droga, siempre hay una historia que debemos conocer, entender y comprender, algo que no siempre hacemos, siendo la labor que compete a Caritas , una labor que yo entiendo y que seguro que a JESÚS y a su Madre es la que le gusta. Y es que no  siempre hay que esperar que vengan a nuestro encuentro, si no ir en busca de las necesidades de las personas allá donde estén y lo necesiten, escuchar e intentar por todos los medios que nos vean como a alguien cercano, como un amigo. Nuestra acción por los pobres, nace de nuestro ser cristiano, y debemos situarnos en el lugar de los desfavorecidos. Es eso lo que pretendí el día que empecé la labor dentro del grupo de Cáritas.

 

Todos los que nos sentimos realmente cristianos, tenemos que pensar que algún día podemos estar en el lado del necesitado, porque desgraciadamente el mundo da muchas vueltas, y pensar que tú puedes estar ahí, ni tan siquiera te lo planteas.

 

Quizás esto último, se ha tomado más en consciencia, en uno de los grupos más numerosos que integran la comunidad cristiana en nuestro pueblo, y que por suerte he tenido el honor de presidir durante muchos años uno de ellos, me refiero a las Cofradías. Las cofradías, y en concreto quienes formamos parte de ellas, integrantes de todo tipo de clases y situaciones personales y sociales, hemos vivido muy comprometidos estos últimos años con la delicada situación que atraviesan muchas personas de nuestro pueblo, personas conocidas por los miembros que forman las Juntas Directivas, y que se han sensibilizado de la única manera que lo podían hacer, pensando un poco más en la austeridad de las procesiones y todo lo que las rodea y destinando parte del presupuesto anual a la solidaridad con nuestros vecinos, que están pasándolo mal.

 

Desde aquí es de donde debemos partir porque los cristianos que hoy rezamos a la Virgen, le pedimos y tenemos tanta devoción por ella, nos sentimos en la obligación espiritual de ayudar a los demás, no sólo con aportaciones económicas, sino también con un apoyo moral, un abrazo, un consejo o simplemente escuchando sus problemas; porque es poco lo que hay que dar, pero mucho que agradece el que lo recibe. Y esto no sólo tenemos que llevarlo a cabo quienes formamos parte de cada uno de los grupos parroquiales, sino una obligación que tenemos todos los cristianos, cristianos sencillos, cristianos trabajadores, como somos la mayoría  de los que nos encontramos esta noche aquí, en este patio de nuestra preciosa ermita, y que presumimos de tener tanta devoción por la VIRGEN.

 

Desde mi entrada en Cáritas, en el año 1995, todo mi afán ha sido el cumplir con las necesidades de las familias, pero a su vez intentar ser justo con la función encomendada, no sin olvidar, que la caridad que ejercemos, no siempre es entendida por la mayoría de las personas que critican nuestra labor y no entienden o no saben cuáles son nuestros criterios para atender y ayudar, ya que debemos saber que somos Iglesia y como Iglesia debemos actuar aun sabiendo que te puedes equivocar. Sin embargo, hay situaciones que no se ven y que solo el grupo sabe, siendo esta labor del grupo difícil, mal mirada, e incomprendida. Pero lo que sí tenemos claro es que nuestra madre la Virgen de la Estrella y su Hijo, siempre nos iluminan y nos ayudan en la misión que nos encomendaron, y nos dicen que nos acerquemos y ayudemos a los más débiles y salgamos a su encuentro, porque esa es la labor de CÁRITAS.

 

Todos los que vivimos en esta sociedad consumista y nos podemos permitir algunos lujos, sin excesos, eso sí, no pensamos muchas veces, en las carencias que puedan tener nuestros vecinos, amigos, incluso familiares, y seguro que esas personas con necesidades, con problemas de distinta índole, no lo saben en muchas ocasiones, ni sus propias familias y lo primero que hacen es acudir aquí, a la Virgen para que las ayuden en sus peticiones y después a nosotros, a Cáritas Parroquial. Miremos a nuestro alrededor y pensemos, ¿tendremos a algún familiar cercano  en esta situación?.

 

La crisis que estamos padeciendo está dejando muchas familias al borde del abismo, familias que tenían su trabajo, que pagaban su hipoteca, su luz, su agua y todas sus necesidades básicas, familias jóvenes con niños pequeños que han dejado de tener ingresos, familias como cualquiera de las nuestras, llegan y te plantean la situación que están viviendo, muchas veces nos desborda y ahí es donde le pedimos a la Virgen de la Estrella que nos ayude a solucionar de la mejor manera posible esas situaciones. Porque no es fácil, créanme, escuchar problemas y tener que decidir qué hacemos, sin mirar quién es, de dónde viene,  Y qué era antes,… sólo tenemos que ver el presente y seguir siendo coherentes con nuestros pensamientos.

 

 

 

Y después de hacer un recorrido, por los recuerdos de mi infancia, mi adolescencia y juventud,  y de mi labor en la parroquia durante muchos años, de mi paso por las cofradías  y sobre todo de mi experiencia en Cáritas, tengo que hablar como no, de la Virgen de la Estrella, verdadera protagonista de este acto, pórtico de los días de fiestas que hoy empiezan.

 

 

 

 

Si Jesús honró  a su Madre, también debería hacerlo yo.

 

Cada vez que he tenido la oportunidad de visitar en vacaciones, o en viajes otras imágenes, en sus Ermitas o Santuarios por distintos lugares de España, Francia, Portugal, e Italia y he comparado esos lugares o esas imágenes con la de nuestra Virgen de la Estrella, siempre he sacado alguna similitud. Recuerdo cuando visité el Santuario de Lourdes en Francia, veía  el agua que salía de aquellas fuentes, y la comparaba con el agua de la Bomba que tenemos en este Patio, o las maravillosas pinturas que forman el Via Crucis dentro de ese Santuario, con el que tenemos en nuestra ermita. O cuando estuve en Fátima y vi a tantos fieles de rodillas en aquella larga explanada y se me venía a la mente aquellas mujeres que veía en mi niñez en éste camino rezando el rosario, también de rodillas.

 

Recuerdo también, como al subir las escaleras para ver a la Virgen de Covadonga, en esas montañas asturianas y comparaba esos escalones, que hay hasta llegar a la “Santina” con los que hay en esta ermita para llegar al camerino. O como en el viaje a Roma cuando visité la Basílica de San Pedro en El Vaticano con tantas imágenes, altares, retablos, allí siempre había algo que me recordaba a nuestra Estrella. Y en sitios más cercanos como el Rocío, con esa devoción que tiene tanta gente con La Blanca Paloma y que seguro que no será mayor que la que tenemos todos los santeños con nuestra Madre. Y así podría decir tantos lugares en los que he tenido la suerte de visitar,  y  en los que siempre he visto la imagen de la Virgen de la Estrella, en algún rincón, retablo, o simplemente en mi consciencia, y pienso que cada vez  que  un santeño sale de su pueblo, y visita alguna parroquia, ermita,  santuario o catedral, siempre verá algo, que le haga ver a su   Estrella. Y al volver a casa, después de esas vacaciones o viajes en familia, o con amigos, siempre he venido aquí a esta ermita, a dar las gracias por volver a casa y contarle a la Virgen las  experiencias vividas.

 

Madre nuestra de la Estrella, en estas fiestas, te pido que ayudes a la juventud de nuestro pueblo, pues la diversión a su edad es casi obligada, pero que lo hagan con cordura, con tranquilidad, con calma y que vivan la fiesta con alegría y devoción a ti.

 

Querida madre, en estas fechas, todo el pueblo viene a felicitarte, niños, jóvenes, mayores, todos te visitamos para venerarte y agradecerte todo lo bueno que durante el año hemos tenido y pedirte salud y trabajo para el próximo. El pueblo en estos días, se viste de gala, se llena de gente, huele a fiesta, a pólvora de los fuegos artificiales, a turrones, oímos la música de los cacharritos, y empieza a sonar la orquesta de la verbena, todo ello para celebrar las fiestas en honor a ti.

 

Virgen de la Estrella, échanos una mano a la gente trabajadora, que vivimos tiempos difíciles y que no pasamos un buen momento, que día a día luchamos por el sustento diario. Ayúdanos a no desfallecer, a que pase pronto el temporal, y que cuando éste pase, haya sido todo un mal recuerdo. Llévanos de la mano porque en el camino hay obstáculos que contigo podemos superarlos. Nuestra FE en ti es infinita.

 

Pongámonos contentos, que vienen días de fiesta, disfrutemos de ellos, comamos, bebamos, bailemos y participemos en los actos en honor a la Virgen que con tanto esfuerzo y cariño organiza la Junta de Gobierno.

 

Y ya por último, Madre mía de la Estrella, hoy quiero darte las gracias. Este lugar tan emblemático, como es tu ermita y tú, habéis marcado toda mi vida, desde que era un niño hasta hoy que estoy aquí pregonando tus fiestas, nuestras fiestas. Siempre has sido partícipe de todos los momentos de mi felicidad. Mis partidos de fútbol y juegos con los amigos en este patio, mis primeros paseos con mi novia hasta aquí, mi enlace matrimonial, (quizás  lo más importante y lo mejor que he hecho en mi vida), la primera vez que traje a mis hijos a y los pasé por tu manto, sus primeras fotos después de tomar la Primera Comunión, tantos y tantos momentos en los que te he rezado y contado mis inquietudes mientras eran niños. También cuando fueron adolescentes, que era una etapa muy complicada o cuando se hacían mayores, que también te pedía por ellos para que les encauzaras sus vidas, tantos momentos en los  que he compartido la felicidad de los míos contigo.

 En poco más de mes y medio, si Dios quiere, traeré en brazos a mi primera nieta, se llamará LOLA, la presentaré ante ti y la pasaré bajo tu manto, espero que la llenes de gloria, felicidad, salud, y la ampares  y protejas, como has hecho con  mis hijos.  Gracias por ayudarme a  crear una familia  y sobre todo  por ser una familia feliz.

 

 

 

Y para finalizar, quiero dar las gracias por el apoyo recibido de mis compañeros de la Coordinadora, a los de mi grupo de matrimonios, también a los de mí Cofradía del Amarrado y como no, a los componentes  del grupo de Cáritas por el ánimo y generosidad que demostráis día a día, en vuestra labor caritativa con los demás.

 Gracias a todos por escucharme, por la paciencia y atención que habéis puesto, y sobre todo, gracias a toda la familia  de mi mujer, que también es mi familia, por acompañarme y estar siempre conmigo.

 

 

Disfrutemos de las fiestas, olvidemos los problemas y que nuestra Patrona la Virgen de la Estrella nos ayude a conseguirlo.

 

 

 Buenas noches y muchas gracias.

 

 

VIVA LA VIRGEN DE LA ESTRELLA

 

 

JOSE MONTAÑO SANTIAGO

 

6 de Septiembre de 2.013

 

 

José Montaño Santiago

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" Poesía

 

 

Eres Madre la que llenas

nuestro espíritu de alegrías,

perfumando nuestras almas,

cual ramito de verbenas.

 

Ni las blancas azucenas

compiten con tu blancura,

pues de Cristo, la hermosura,

te fue dada a manos llenas.

 

Flores no nacen en los prados

que contigo puedan igualarse,

cubriendo con ellas tus plantas

hoy venimos a adorarte.

 

Cuanta ternura nos inspira mirarte,

¡quien no te reza...pensando en su madre!.

Eres la estrella que guía nuestros pasos,

y proteges a tu pueblo, bajo tu manto.

 

Mª SALOMÉ MONTAÑO MORENO

8 Años

Mª Salomé Montaño Moreno 8 años Colegio Mauricio Tinoco

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" PREGÓN FIESTAS PATRONALES 2011

Publicación del Pregón de las Fiestas Patronales 2011

Agradecemos los años de servicio como Mayordomo a su amada Virgen de la Estrella

D. José Mª Cerón Ortiz, Abogado y Ex-Mayordomo de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Estrella

I.-Prologo

Por un instante Sr Presentador he dudado en levantarme porque escuchando al Sr. Mayordomo, creía que no el pregonero de este año era otra persona. Esto de recibir los aplausos al principio es como la cartilla militar en la que se leía, valor se le supone… Espero merecer los mismos.

Muchas Gracias amigo Paco por las inmerecidas palabras que has pronunciado y por esa exagerada lista de méritos que relatas sobre mí persona. Son el producto de las relaciones de amistad, aprecio y hermandad que nos profesamos y que se extiende a nuestras familias, más que a merecimiento personal alguno. Debo expresarte públicamente mi agradecimiento sincero por esta presentación y por haber aceptado hacerla tú, más conociendo tu poca afición a estas tareas. Nunca pensé en otra persona más querida y distinguida.

En esas palabras que has pronunciado se contienen muchas vivencias en común, por eso la mayoría de este Pregón se pronunciará en primera persona del plural.

II.-Introducción

Una mañana del mes de septiembre del año 1972, en una de las aulas del recién estrenado Instituto de Los Santos de Maimona, en su pizarra aparecía el listado que como parte de amonestaciones había efectuado el Delegado de la Clase, y que contenía entre otros los muy reincidentes nombres de Arturo Leal Sánchez, Miguel Gómez Galán, Juan Murillo Tovar, Francisco Murillo Tovar, José María Cerón Ortiz, Eduardo Blanco Rodríguez, y por último y con varias cruces y menciones, Manuel Aparicio Tejón.

A la hora en punto en que estaba prevista el inicio de la clase se abrió la puerta haciendo entrada un joven sacerdote vistiendo sotana y fumando de manera compulsiva celtas emboquillados. El clérigo al observar el voluminoso listado que la pizarra le presentaba, exclamó con voz clara y portentosa de predicador la siguiente frase en latín: ¡Estultorun nomina inparietibus summ!.

Con esta recurrente frase que en castellano significa: “el nombre de los tontos está escrito en las paredes”, o con aquéllas otras del mismo estilo…”Mater tua mala burra est”, (tu madre come manzanas podridas), intentaba Don Ángel Muñoz Ramírez, que le prestásemos la necesaria atención e interés a la lengua latina que tenía por encargo enseñarnos.

Valga esta anécdota y primeras palabras a modo de prologo como mi más humilde homenaje, a quién personalmente y como sacerdote estuvo presente en mi vida personal y familiar, como en la de otros muchos santeños.

¡Gracias!, Don Ángel por enseñarnos que, aún no habiendo nacido en Los Santos, ser santeño es muy por encima de todo es ser devoto de la Virgen de la Estrella. Por eso, aunque nacido fuera de aquí, serás reconocido siempre como un ilustre santeño.

¡¡Sumun Hominis e Magister magnus!! (Gran hombre y magnifico maestro).

III.-Pregón

Reverendo Cura Párroco y Consiliario de nuestra Cofradía. Sr Mayordomo. Sr. Alcalde y Miembros de la Corporación Municipal. Señora Juez de Paz. Junta de Gobierno y miembros de la Cofradía. Ilustres Camareras de Nuestra Virgen, (mis queridas camareras, verdaderas pilastras de esta Hermandad, a las que me gustaría nombrar una por una, a las presentes y a las ausentes, a las actuales y a las pasadas). Hermanos mayores de las Cofradías presentes. Queridos amigos y familiares que me acompañáis, a todos buenas noches y mi agradecimiento por vuestra asistencia.

Y para no perder mis costumbres quiero pedir permiso para comenzar mi pregón de una forma que habitualmente utilizamos en mi profesión: CON VUESTRA VENIA.

Antes de nada y aunque suene a tópico, quiero agradecer a la Cofradía de la Virgen de la Estrella, a la Junta de Gobierno y a nuestro Mayordomo, el inmerecido honor que supone para mí compartir con vosotros un momento tan señalado: el de pregonar las Fiestas que esta leal y fiel villa mariana celebra en honor de nuestra Patrona, por eso mis primeras palabras tienen que ser de gratitud y tienen que ver con mis sentimientos, con la manera de sentirme hoy aquí con vosotros y ante vosotros, resumidos en la emoción y el agradecimiento. Desde la ingente emoción, satisfacción y alegría que me inunda ante tan solemne acto, y por supuesto, con el corazón; en mi caso, sólo me es posible hacer este pregón atendiendo la llamada y el sentir de mi corazón; corazón de santeño, y no con la retórica y la lírica de las cuales me veo despojado.

Cuando recibí la encomienda de ser el pregonero de estas Fiestas, me acordé de lo que mi padre me enseñó que debía de hacer cuando me hiciesen un regalo.

Mi padre nos decía que si nos ofrecían alguna propina que a la primera vez la rechazase. En una ocasión ante mi negativa de recogerle a un Señor las monedas que me ofrecía en agradecimiento por el obsequio que le había dejado en nombre de mi padre, este buen señor desistió de dármela, por lo qué ni corto ni perezoso le dije: “Por favor, señor, porfíeme usted, porque me ha dicho mi padre que hasta que no me porfíen, no puedo coger la propina”.

Eso es lo que me ocurrió con Paco, en principio, le dije que no aceptaba el encargo del pregón, que era muy difícil, qué no sabría cómo hacerlo, etc. En el fondo estaba deseando, como cuando de chico me ocurría, que me porfiara. No hubo necesidad en esta ocasión de que porfiase mucho el Sr Mayordomo, por lo que acepté esa generosa propina que constituye el pregonar las Fiestas de mi pueblo.

La ventaja de tener ciertos años (ni muchos ni pocos) y de vivir en un pueblo como el de Los Santos de Maimona, de tener una profesión de trato y atención con

el público, es que te convierte en una persona conocida. Pero para quién menos me conozca quizás será bueno que sitúen a este Pregonero y a muchas de las personas presentes en el tiempo de tantas vivencias compartidas y que estas fiestas nos evocan.

Los de la quinta del 79 a los que una numerosa tropa de amigos pertenecemos: Paco, Juan y Luís Murillo, Javier y Joaquín Obando, Juan Antonio Zambrano (el hijo del telegrafista), Miche Gómez, Eduardo Blanco, Julián Morenas, Leonardo (el de las macrinas), mi hermano Quini, Juan Serrano, Juan Lorenzo Amador y otros muchos más. Y sin olvidar a las niñas, María Zapata, mi esposa, Mamen Martínez, María Jesús y Pilar (las de la Sahita), Antoñita Amador, Estrella Obando, Auxiliadora Castilla, María José López, Jacoba Rico, Mercedes Arroyo y tantas más… Esa quinta de amigos, es la generación del ruidoso “sector Q”, la que años tras año ocupaba los poyetes de este mismo patio para presenciar todas y cada una de las representación de los festivales de España, o los desfiles de reinas con sus damas de honor acompañadas en aquellas fechas de elegantes caballeros y cargos políticos de bigotes extremadamente perfilados venidos de Badajoz.

En nuestra infancia en estas Fiestas no se ponían ni caballitos, ni tiovivos, ni casetas de marcha. Era una época en que la gente de este pueblo masivamente bajaba el día de Virgen caminado lentamente hacia la ermita. Venían vistiendo con sus mejoras galas, muchas aún conservadas desde el día de sus bodas. Eran tiempos en los que los hortelanos que pocas veces subían al pueblo desde sus huertas, lo hacían vestidos con sus pantalones de pana y con relucientes camisas blancas arremangadas y abotonadas hasta el cuello. Y la gente sin distinción se agrupaba ante la tómbola debajo del árbol gordo, o en las proximidades del Ramo, o del quiosco de la música para escuchar el concierto.

Eran los tiempos de las broncas de última hora en las cantinas del Rey, del Extremeñito, de Juan el Zapatero, o la de los Barraganes, en las que los municipales “Parra” o “él Ajilao”, ponían paz entre los contendientes con la repetida frase de…¡no riñáis que al Alcalde no le gusta!..

Eran fiestas con actuaciones y bailes amenizados por los Etéreos en el salón de Resti. Un tiempo en el que el mayor ruido de esta feria procedía de las voces del subastero del ramo, lo que te permitía conversar con quién tenías en frente.

La fiesta de la Virgen era, y es, el lugar donde se encontraba todo el pueblo, donde no era necesario quedar con nadie por qué enseguida te encontrabas a quién querías y con quién no querías.

Mi generación es la de la leche en polvo cuyo sabor aún conservo en mi paladar. Aquella leche que nos daban en la escuela de Doña Josefina, nuestra primera maestra, a la que siempre he recordado subida en aquella tarima que resaltaba su pequeña figura y su gran humanidad.

Pertenezco a los tiempos de amenazas con el cuarto de las ratas y del tío del saco. La de las Flores a María en el mes de mayo. La de interminables catequesis a cambio de cromos canjeables por excursiones a la fábrica de gaseosas “La Casera”, que casi nunca se efectuaban. Somos los que jugábamos aquéllos partidos de futbol en el paseo de las barandas que siempre eran interrumpidos por los agentes de la autoridad municipal en un deseo de hacerse con el balón, y a los que siempre ganamos en la carrera.

Mi generación es la que masivamente invadió las aulas del Colegio Libre y Adoptado General Rodrigo, en la que cursaríamos nuestros primeros estudios de Bachillerato. Somos los de la pandilla del Bucheta, y de las arengas políticas de Don Antonio Calvo, de las clases de Lengua de Don Julio Llerena, de dibujo de Don Alfonso Dorado, de las de matemáticas de don José María Lobo, de Historia Don Filadelfio, o de Geografía de una jovencísima Mª Carmen Munuera.

Somos los últimos niños a los que jóvenes como mi tío Joaquín Ortiz y Javier Clemente nos enseñaron a montar en bicicleta en el paseo, a los que los Hermanos Castaño Montaño nos enseñaron a jugar al baloncesto en la escuela de Juan Blanco, a los que Lucio Poves, Isidro Barros, o mi hermano Luís nos dieron las primeras lecciones de Ping-Pong, al ajedrez o a las damas, en los locales de la OJE bajo la vigilancia del Maestro Floro.

Somos los de las misas de domingo a las diez de la mañana, y del toque de campanas a oración, por un entonces monaguillo y muy niño, Manolo Lavado, hoy nuestro alcalde.

Somos esa generación que creció sin complejos en un entonces más próspero pueblo.

Mis recuerdos hasta donde alcanza mi memoria más remota, están unidos a la Virgen de la Estrella, a la Ermita y a sus alrededores donde tantas veces jugué. Al camino, a esa Huerta de mi abuelo Joaquín donde pasábamos los veranos y en cuya cancela esperaba cada tarde que pasara el Padre Luís, quién tras besarle la mano siempre me regalaba algún caramelo.

Mis recuerdos y mis proyectos pasan por este camino tantas veces sosegadamente recorrido en mis relaciones de noviazgo, y que en la actualidad mi esposa y yo seguimos diariamente transitando, ahora de manera más apresurada.

En mis vivencias está siempre presente esta casa de nuestra madre, en la que me casé y la primera que mis hijos visitaron a su llegada al mundo y este pueblo. A ellos, intentamos enseñar nuestro amor por “La Estrella”, el mismo que sus abuelos y abuelas nos transmitieron.

Mi memoria más reciente pasa por la salida de la Imagen de su Santuario, firmemente sostenida por costaleros y costaleras de Los Santos, rodeada de TODO su pueblo. De mi mente es difícil olvidar que este patio se quedó pequeño porque en él estaban todos sus hijos, creyentes y no tan creyentes, expectantes ante la salida de su Virgen. Todos alrededor de una devoción, unidos por un único sentimiento, y muchos de ellos, casi todos, con los ojos salpicados por las lágrimas de tan colosal emoción.

Nunca podré olvidar la visita de la Imagen del Nazareno a esta Ermita, la visita del hijo a la casa de su madre, a su casa, esa sensación de acercar dos imágenes, dos cultos, y una misma fe, la de sentirme costalero, los pies de Cristo por unos instantes…

Cuando has pasado por la Junta de Gobierno de esta Cofradía compruebas que el grano germina y da su fruto, cuando en la Solemne Función de Nuestra Señora te encuentras la Iglesia a rebosar, y que en torno a la Patrona se dan cita nuestras autoridades, nuestros mayores, nuestros niños y jóvenes, y te das cuenta que Nuestra Madre, una vez más cada año pone en marcha, aunque sea por unos días, esa “Fe” aprendida con ella y tantas veces relajada por nuestra comunidad parroquial.

Cuantas veces he recordado a mi buen amigo Cipriano Tinoco, él que tantas responsabilidades ostento en este pueblo y fuera de él, muchas veces me decía que lo más importante en Los Santos era ser Mayordomo de la Virgen de la Estrella. Y le tengo que dar la razón, para mí durante el tiempo que lo fui supuso la mayor dignidad que se puede ostentar.

En estas fechas, ante un agonizante verano, en las que en nuestros campos las vides y olivares empiezan a parir sus frutos, es momento y ocasión de honrar a nuestra Patrona, y también de compartir con nuestros mayores y jóvenes, con todos los vecinos y forasteros, el placer de unos días festivos ganados con el pulso de esa laboriosidad que honra a los santeños.

Con vosotros comparto desde mi nacimiento la vida en este pueblo, el amor y veneración a nuestra Virgen, sus tradiciones, sus costumbres, permitidme que antes de entrar en la materia de la Fiesta, que, como abogado y hombre de pueblo que soy, por un momento me convierta en defensor de esta nuestra tierra de Los Santos y de Extremadura, especialmente en esta su fiesta.

Y quiero que mi alegato sea para manifestar, que ante estos duros tiempos en los que nos encontramos debemos continuar en el camino de búsqueda del progreso, con nuestra ansia de prosperidad, pero sin ignorar nuestras raíces. Las mismas que se hunden en los campos y que han forjado nuestra propia manera de ser, tan noble y firme como sus frutos y los símbolos que representan: el pan y el vino (cuerpo y sangre de Cristo), y el aceite (santos óleos).

Combinar la tradición con la modernidad es la más sabia aspiración que puede desear el hombre. No debemos dejarnos llevar por el ritmo frenético que nos deshumaniza. Tenemos que regresar, de cuando en cuando, a la placidez de un pasado que tuvo cosas buenas y perpetuarlas en nuestros descendientes. Debemos recuperar el talante afectuoso y sabio del que hicieron gala hombres de Los Santos y tantos extremeños. Tenemos que volver a la tranquilidad del paseo hacia la Ermita, donde tantas parejas se conocieron en el camino y tal vez, un día se enamoraron.

Sé que este deseo no es mucho pedir para la grandeza de las gentes de nuestro pueblo, y tenemos el ejemplo en el evento que hoy nos convoca que no es otra cosa que una lúdica síntesis de tradición y modernidad.

Son nuestros trabajadores del campo; jornaleros en lo ajeno, agricultores en lo propio, los que forman esa primera columna que nos sostiene. Gente de corazón noble, de espíritu tenaz. Labrados a golpes de una fatiga que se tiene, pero que no se dice. Gente que se crece en el dolor y que aprendió y enseña con la broma y con el ejemplo. Unos afilaron sus azadones entre las viñas y olivares de estos campos en épocas más duras que la actual y otros en la actualidad afinan las cuchillas de los arados y rejas de sus tractores

Muchos de nuestros jóvenes, quieren mantener viva la tradición y el deseo de trabajar las tierras familiares; y por ello ellos apuestan por la calidad de nuestros productos a costa de la cantidad, asociándose y uniéndose para ser más competitivos. Podrá muchas veces faltarles el apoyo de los gobernantes preocupados de otros temas, pero no de un pueblo como Los Santos que no olvida quién lo sostiene y quién lo alimenta.

Y dejando atrás este sentimiento de defensa derivado de mi pasión por las cosas de la Toga y el Foro, no quiero apartarme en estas palabras anunciando las fiestas de quién realmente es su protagonista: la Santísima Virgen. ¿Y me pregunto…?

Qué pudiera SEÑORA decir este pregonero para alabarte?

qué en otra ocasión no hayas oído

sí todo las poesías conocidas

se han musicado para cantarte

Eres de gracia un portento,

de hermosura, maravilla.

No nos dejes un momento

madre nuestra de Los Santos

Madre, hoy en la víspera de tu santo, tus camareras han vestido tu imagen con un rico manto y te han colocado esa hermosa corona que este pueblo te regaló. Sin embargo debajo de ese ornamento, sigues siendo la misma humilde madre de la noche del pesebre; la misma de la noche del silencio y la oscuridad, la del dolor por la muerte de tu hijo.

Desde aquí quiero pedirte Señora de la Estrella, una vez más, que en estos días difíciles protejas nuestros pasos y serenes nuestras esperanzas, que nos enseñes a sostener nuestra cruz diaria.

¡Señora de la Misericordia!, en estos tiempos tan difíciles te pedimos que otorgues a nuestro pueblo el pan y la salud, la justicia, el trabajo y la paz. Libéranos del egoísmo, del orgullo, de las simplezas que nos dividen, llama a todos tus hijos todos los días como en estos días nos convocas, especialmente a los más cansados, a todos los necesitamos en este tu Pueblo.

Llegaron las ansiadas fiestas de nuestra Patrona, cargadas como siempre de nostalgias y repletas de expectación... Llega un nuevo Septiembre, las luces de colores del patio ya se han colocado, cada uno de los días de la novena nos irá acercando más y más a Ella.

Dios te salve, Estrella, llena eres de Gracia.

El Señor está contigo.

Año tras año…, generación tras generación, la misma oración encadenada con los sagrados misterios de nuestra fe.

Cambia la vida, cambian las cosas, cambiamos nosotros. Sólo lo esencial e inalterable permanece tras el paso de las décadas, los siglos y las generaciones.

Tras los días y los meses, siempre vuelve septiembre... Santuario de la Estrella... Cal blanca en las paredes y en los árboles del camino... Luces intermitentes de colores… Como siempre, noches de oraciones a la Virgen de la Estrella.

Bendita tú eres entre todas las mujeres

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Es la oración más bella y profunda. También la más sencilla.

Sublime belleza para la sencillez de María, que precisamente por ser humilde, por ser Esclava del Señor, fue Madre de Dios y es Señora de los santeños, que expectantes le decimos:

Dios te salve, Reina de las Estrellas.

Porque el Señor está contigo,

Llena eres de Gracia entre nosotros.

Los Santos de Maimona siempre te espera.

Dios te salve, Señora de la Estrella,

Consuelo en las aflicciones,

Brisa suave de amor,

Bálsamo de tantas penas.

Dios te salve, Madre de la Estrella,

Señora y Abogada nuestra,

Memoria de los que se fueron,

Esperanza para quienes llegan.

Dios te salve, Virgen de la Estrella,

Bendita siempre Tú seas.

Que generación tras generación,

Los Santos siempre te espera.

 

La tradición se ha conservado hasta hoy, pero no sé si la devoción y el amor a la Virgen de la Estrella han aumentado.

Desde aquí deseo y pido que siempre le guardemos un rincón a ella, a la madre, porque mientras haya madres en la tierra y en los cielos habrá esperanza, comprensión y perdón.

Esta noche, Los Santos de Maimona, está ya de fiesta y nosotros, cuando finalice este acto, vamos a salir a su encuentro y a compartirla con todos, con una copa, con un saludo, con una sonrisa, con un deseo de felicidad o participando mañana en la solemne función en honor a Nuestra Madre la Virgen de la Estrella.

Qué en estos días, al menos, seamos dichosos, porque tenemos la suerte de ser o vivir en un pueblo de buenas gentes, lleno de luz y color, de tener como Patrona a la Virgen de la Estrella, tenemos la fortuna de vivir en Los Santos de Maimona.

Que el mejor pregón es el silencio, y que el silencio es tan nuestro como el aire. Silencio que ha de romperse y es mejor que lo haga el bullicio de nuestras fiestas y el amor a nuestra madre la Virgen de la Estrella. Por eso, y dándoles las gracias, he de callarme.

 

¡Viva la Virgen de la Estrella!. ¡Viva Los Santos de Maimona!

 

 


 

 

José María Cerón Ortiz

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Virgen de la Estrella